Para un occidental es imposible entender el rito de la ablación
que se practica en muchas tribus y comunidades africanas, y
por eso Moolaade, una película senegalesa coproducida
con Francia, pone los pelos de punta a pesar de tener un tono
ligero, humorístico incluso en algunos momentos, y cierta
inocencia que, sin embargo, no oculta la gravedad de esta ceremonia
y la cantidad de muertes que ocasiona. Precisamente uno de los
aspectos que da todavía más valor a este trabajo
es el hecho de ser una película hecha por africanos,
por gente que conoce bien la problemática de estos países
y el sufrimiento que causa a miles de niñas. Es por ello
una denuncia importante, que puede tener su influencia, aunque
no se puede ocultar que el cine no llega a la mayoría
de los poblados que siguen con esta práctica.
Una mujer que perdió a dos hijas a causa de la ablación
acoge en su casa a cuatro muchachas que han huido para no ser
sometidas a esta “operación”. Su propia hija
no la ha sufrido, y su postura le acarrea problemas con el resto
de los habitantes de la aldea, que no ven con buenos ojos esta
rebelión y cuyos hombres no están dispuestos a
casarse con las que consideran no purificadas. Otras dos chicas
que habían huido aparecerán ahogadas en un pozo.
Sin embargo, tras diversos enfrentamientos, la muerte de una
de las chicas refugiadas a la que habían conseguido sacar
de su escondite mientras le practicaban la ablación,
hace que las mujeres se rebelen y proclamen el final de esta
supuesta ceremonia de la purificación.
Pero hay más, porque Moolaade no es sólo la denuncia
de esta práctica cruel e inhumana; también se
ataca de forma frontal el régimen patriarcal de muchas
sociedades africanas en las que la mujer no tiene los derechos
más elementales y se le impide tomar cualquier decisión
al margen de sus maridos. En la película de Ousmane Sembene,
galardonada en Cannes con el premio Un Certain Regard, se les
llegan a requisar las radios para que no puedan recibir información
del exterior. Sin embargo, hay procesos imparables, y además
de la rebelión de las mujeres, la llegada de París
de un hijo del jefe del poblado con una televisión y
nuevos hábitos, contribuirá a acelerar el cambio.
Moolaade es una película valiente, una denuncia con
un tono poco habitual en Occidente, lo que contribuye a hacerla
todavía más atractiva, y que supone un paso importante
en un cine africano casi inexistente, del que apenas nos llegan
películas. Desde la perspectiva europea no se puede decir
que sea una soflama feminista, pero es innegable su condición
de alegato a favor de una sociedad africana más justa
y con menos violencia contra las mujeres.
M.B
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