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sábado 25 de septiembre de 2004
 
 INCORRECT@S

C. Bartolomé: «Me levanta la moral seguir estando en la lista de los incorrectos»


Casi 35 años después de su rodaje, la realizadora Cecilia Bartolomé presentó ayer su Margarita y el lobo, un mediometraje que la censura de la época prohibió exhibir y de cuya vigencia no tiene ninguna duda: “Me levanta la moral que tantos años después la película se pueda considerar incorrecta dentro de un ciclo, porque eso significa que dentro de todo no fue tan inútil hacerla, a pesar de los disgustos que nos pudo costar.”

El público que llenaba la sala “tuvo una reacción muy buena, se emocionaba y entró en la trama, lo que significa que no ha quedado anticuada; lo que nos faltó -se lamentaba Cecilia- fue un coloquio para ver si sigue siendo considerada ahora tan incorrecta como lo fue en su momento.”

La protagonista del mediometraje y coguionista, Julia Peña, acompañó a la directora en su visita a San Sebastián, y juntas recordaron su paso por la Escuela Oficial de Cine en Madrid. “Esta película fue la práctica de fin de carrera y cuando el director de la escuela, José Julio Baena, la presentó a la censura oficial pues, claro, la prohibieron y eso significaba quemar los negativos; afortunadamente la salvamos, pero me costó no poder hacer cine hasta muchos años después, hasta que murió Franco.”

Con números musicales y mucho humor, la película muestra el juicio de separación matrimonial de Margarita y todo lo que rodea a su vida. “Aunque Julia diga que es una historia rompepelotas, bromea, yo pienso que en aquella práctica intentamos hacer una historia lógica, llevando los problemas y puntos de vista de una mujer hasta sus últimas consecuencias y no dejar títere con cabeza”, afirma Cecilia. “Yo no quise hacer una película ni de izquierdas ni de derechas, sino diseccionar la sociedad en todos los ámbitos”.

Una práctica de Escuela
La película se rodó, cuentan, en diez sesiones de siete horas, incluidos los cinco números musicales en play back, en el plató de la Escuela de Cine, y con colaboraciones como la de la propia Julia Peña –“la musa de la escuela”- o de otro estudiante de la misma escuela llamado Javier Aguirresarobe.

“En plena dictadura, explican, la escuela era un pequeño reducto de rojerío donde se intentaba romper con lo que se hacía entonces”, recuerda. Figuras como Pedro Olea, Víctor Erice, Patricio Guzmán o Manuel Gutiérrez Aragón fueron sus compañeros de promoción, y con ellos terminó la Escuela: “Nosotros cerramos, destruimos la escuela de cine porque considerábamos que era una jaula dorada en el país y que éramos unos privilegiados haciendo cine”.

Preston Sturges –“que bordaba el efecto sorpresa”– , los musicales de Richard Lester como Qué noche la de aquel día y clásicos como Billy Wilder eran entonces los maestros de Cecilia Bartolomé, que sólo años después pudo mostrar su trabajo: “Esta copia recuperada sólo se vio en su tiempo de forma clandestina, recuerda Cecilia, y la Paramount europea me ofreció sacarla del país y exhibirla con otro mediometraje de Agnès Varda en París; pero eso significaba exiliarme, yo ya tenía mi mundo aquí, y no tenía ningún interés en ello.”

A partir de entonces, Bartolomé se vio obligada a renunciar a hacer más películas hasta que le encargaron Vámonos, Bárbara (1978), “una comedia con un final muy corrosivo y que también fue muy incorrecta en su tiempo”.

“Después hice dos documentales sobre la transición política española, que ahora se van a editar en DVD, fíjate a la vuelta de los años. No se os puede dejar solos y Atado y bien atado (1979-81), que presentan lo que los telediarios no mostraban ; me costó un secuestro burocrático de las películas, pero tiene el mérito de no ser la historia contada por arriba, sino lo que no se nos contaba, la historia que pasaba debajo, en la calle.”

Cecilia Bartolomé vivió hasta los 18 años en Guinea Ecuatorial, y la experiencia de su infancia en África está reflejada en su último largometraje, Lejos de África (196), que ella define como “las vivencias de los estertores del colonialismo”, porque quiere romper con “la amnesia histórica que vivimos en estos tiempos”.

P.Y.


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Ander GILLENEA

Cecilia Bartolomé, sentada, con la protagonista de su mediometraje, Julia Peña.