La 52 edición del Festival Internacional de Cine de
Donostia-San Sebastián se inauguraba con un invitado
de lujo: Woody Allen. El director neoyorquino recogía
de manos de Pedro Almodóvar el Premio Donostia en una
ceremonia celebrada en el espectacular escenario del Kursaal,
concebido bajo la sombra inspiradora de Salvador Dalí.
Woody Allen, al que el certamen dedicó una de sus tres
retrospectivas, presentaba el estreno mundial de su última
película, Melinda and Melinda (Melinda y Melinda).
Inspirado por el film de Allen, el Festival buscó un
equilibrio entre la comedia y el drama. Para compensar la extrema
dureza de la mayor parte de los interesantes films de la Sección
Oficial y el conjunto de títulos de Nuevos Directores
de Zabaltegi, fiel reflejo de la difícil situación
mundial, las retrospectivas permitían un respiro feliz.
En primer lugar la dedicada a Woody Allen, pero también
el descubrimiento de los grandes westerns y thrillers de Anthony
Mann y sobre todo la peculiar y muy aplaudida retrospectiva
dedicada a l@s Incorrect@s que nos recordaba que el cine puede
ser combativo sin dejar de ser divertido.
Horizontes Latinos, en sus diversas secciones, es ya una realidad
consolidada dentro del Festival, que se ha convertido en la
puerta de entrada del cine latinoamericano en Europa, además
de demostrar que Cine en Construcción es una magnífica
plataforma de apoyo al cine que se hace en América Latina.
Cabe destacar la gran presencia que el documental ha tenido
tanto en Zabaltegi como en Horizontes Latinos, donde se pudieron
ver algunos films que se acercaron a la historia pasada y presente
desde ópticas diversas.
El Festival vivió en esta edición momentos muy
emocionantes. Además de Woody Allen recibieron los Premios
Donostia de este año dos personalidades de sobrada importancia.
Annette Bening trajo la elegancia y la inteligencia de una mujer
que ha sabido compaginar la vida privada con la pública;
mientras que Jeff Bridges brilló con su particular espontaneidad
y sencillez en el escenario.
Entre las grandes noches del Festival cabe apuntar el caluroso
concierto de Carlinhos Brown y Bebo Valdés, que llenaron
el Velódromo de Anoeta de ritmos brasileños y
tropicales. Pero otra noche importante fue la de la entrega
de premios cuando el Jurado internacional, presidido por el
escritor Mario Vargas Llosa, otorgó la Concha de Oro
a la película iraní Turtles Can Fly (Las tortugas
también vuelan) de Bahman Ghobadi, una de las más
aplaudidas tanto por el público como por la crítica.
A pesar de tener un día menos, el Festival se ha cerrado
con unas cifras espectaculares.
Más de 191.000 espectadores que llenaron las salas
para ver 227 películas procedentes de 47 países
que se proyectaron en las 23 pantallas del Festival.
1.138 informadores de 592 medios de comunicación de
39 países, entre ellos 68 cadenas de televisión,
dieron información diaria de lo que sucedía en
el Festival.
También la industria ha encontrado un espacio privilegiado
en el Festival, a través de la consolidación de
Sales Office como mercado de compra y venta, pero sobre todo
como lugar de contacto y comunicación entre 1.604 profesionales
de distintas áreas cinematográficas, incluidos
163 agentes de venta, 202 agentes de compra y 171 distribuidores.
Los resultados obtenidos tanto en la respuesta de la ciudad
como en los medios de comunicación y las reacciones de
los invitados que se han paseado por las salas de cine y las
calles de San Sebastián, nos animan a ponernos a trabajar
con nuevos niveles de exigencia de cara a conseguir que la edición
número 53 mantenga el alto nivel que ha tenido la número
52.
|