Los Nuevos Consumos Cinematográficos
LEOPOLDO ARSUAGA Director Gerente S.A.D.E.
Empezaré diciendo que a mi me gusta el cine. Que para los de mi generación el cine ha sido un compañero que nos ha prestado muchas veces su pluma para ayudarnos a escribir la historia de nuestras vidas. Y cuando hablo del Cine, claro, solo me refiero al mágico, a aquel que nos contagia colectivamente sus emociones dentro de la oscuridad de la sala.
Hace ya unos veinte años, en otra de las crisis en la que lo mas agoreros anunciaban una vez más su muerte, a manos, ya no recuerdo, si del magnetoscopio o de las televisiones privadas, acudí en Madrid a un Congreso que versaba sobre el futuro del Cine.
Uno de los ponentes, un belga, me dejó boquiabierto al comentar que estaba científicamente demostrado, que cuando el Cine se veía en salas, nuestro cerebro lo percibía a través de su hemisferio izquierdo, es decir el de la música, el de la imaginación…. el del sentido artístico. Cuando esa misma película la veíamos en el aparato de televisión de nuestras casas, por grande que este sea, la percepción la realiza el hemisferio derecho, es decir, el del razonamiento, el de las habilidades numéricas y las científicas.
Impactado por lo que acababa de oír, reflexioné, con el hemisferio derecho me imagino, y me di cuenta que de las miles y miles de películas que había visto en la oscuridad de una sala de cine, no tenía dificultad alguna en recordar cada una de ellas.
En cambio, me ocurría con frecuencia, que cuando me preguntaban por alguna película que había visto en aparatos electrónicos domésticos, siempre dudaba, se me confundían, los recuerdos eran vagos, en algunos casos borrosos y en otros, con serias dudas de si en realidad las había visto o no. De inmediato comprobé que la tesis de aquel belga, además de bonita, era cierta.
Vivimos tiempos convulsos. Hoy el cine tiene que competir con todos sus hijos y sus nietos, algunos como el magnetoscopio, fallecidos en plena juventud. Y compite además con nuevas fórmulas de ocupación del ocio que le son ajenas, pero terriblemente lesivas. ¿O alguien duda de que los chats del Messenger le quitan al cine muchos más millones de espectadores que todas las fórmulas de pirateo juntas?
Y compite con la inoperancia de las Administraciones. Contra nuestra propia inoperancia para conseguir acuerdos. Contra colecciones enteras de sus clásicos regaladas al comprar periódicos. Contra las proyecciones populares gratuitas en las plazas de los barrios y de los pueblos…. Contra tantas y tantas cosas….
Y a pesar de todo ello sobrevive. ¡Hombre! con los achaques de un anciano de su edad y quizás buscando su sitio en el porche de esa parcela que le corresponde, en donde se dejará acariciar por el sol de ese largo y placentero otoño que en su madurez le espera.
Le seguirán anunciando la muerte. Pero que esperen tranquilos. Mientras siga extendiendo su manto protector para proteger la vida comercial en otros campos de sus hijos más queridos, nadie se atreverá a asesinarlo.
Y mientras la percepción de las emociones y del arte se siga realizando a través de nuestro hemisferio izquierdo, estemos tranquilos que eso no lo van a poder cambiar.
Y me gustaría terminar mi intervención sugiriendo a la Administración, dada la situación actual, no perdiesen su tiempo promoviendo leyes como la que actualmente se tramita, y en donde se perpetúan estúpidos errores franquistas que llevan decenios demostrando su total ineficacia, y se esfuercen en reeditar unas nuevas conversaciones de Salamanca, o de Donosti quizás, que buena falta nos hacen.
PARTICIPANTES EN LA MESA REDONDA
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