Los Nuevos Consumos Cinematográficos
JUAN CARLOS TOUS
Presidente de Cameo Media
Yo represento a Cameo, que es una empresa de distribución de contenidos especializada en DVD.
Creo que las nuevas formas de difusión de las que aquí se ha hablado – tanto la televisión digital, Internet, diferentes formas de almacenar contenidos– promueve un nuevo y mayor consumo cinematográfico.
Para mí todo empieza en el cine. A partir del cine se desarrolla la industria y como tal nos vamos a referir un poco al cine.
Hoy podemos ver que las películas se conciben de forma diferente: antes eran tres actos cada uno de los cuales se desarrollaba como una montaña; el espectador entraba atento y subía a un clímax. Ahora este clímax se da desde el principio, las películas empiezan de manera explosiva para atraer la atención del consumidor. Si no, perdemos la atención del espectador.
El consumidor se ha vuelto impaciente y esta impaciencia, por decirlo de alguna manera también, es beneficiaria para mi parte del sector, la el DVD y e Internet.
Hoy la gente no quiere esperar un año para ver una película en televisión, la buscan por Internet. Lo malo es que hoy es ilegal, pero el espectador no está dispuesto a esperar grandes plazos de tiempo para ver la obra cinematográfica que a él le interesa. Esto también genera nuevos formatos cinematográficos.
Hoy vemos que el resurgir del cortometraje, se consumen y se producen más cortometrajes, la red está invadida de cortometrajes, hay festivales de cortometrajes por toda España… Se calcula que hay unos 1.200 al año, que se suman a esas 480 películas al año que se estrenan en España. Esto es porque se trata de un consumo rápido, inmediato. Son 10 o 15 minutos de una obra que te ofrece una narración, una estructura y que el espectador disfruta.
Creo que estamos en un cambio social, en un cambio de formas: estamos viendo que hay cines donde se juega a videojuegos, estamos viendo que hay cines que se utilizan para convenciones, estamos viendo que la sociedad cambia y, como todo lo que cambia, lo que le toca a la industria es adaptarnos a ello. Es la industria la que se va a adaptar a los nuevos hábitos y no los nuevos hábitos a la industria.
Podemos ver que el consumidor quiere las cosas a golpe de ratón, de un clic y lo quiero ahora y lo quiero como lo quiero: ahí es cuando se imponen los PVRs, en los que la persona almacena sus contenidos y dice “ya lo veré cuando yo decida”. Estoy cenando en un restaurante y mis equipos domésticos graban películas y las veré el fin de semana, no cuando me las ponga un canal de televisión o cuando tenga tiempo para ir al cine; cuando quiera lo tendré, es un poco la decisión personal de decir: “lo quiero ahora o lo quiero cuando quiera”.
Paradójicamente hay una incoherencia digital porque todo esto es tecnológico: tenemos aparatos que almacenan, tenemos aparatos que nos permiten ver cuando queremos, pero a la vez la calidad es lamentable. Se habla de reproductores HD Ready de 40’’ y la gente los utiliza para ver cosas que se ha bajado ilegalmente de Internet donde lo que gana es el píxel y no la calidad, es horroroso verlo. Esta es una palabra que se usa poco y yo quiero un poco hacer incidencia en ella, en educar con la calidad. Estamos perdiendo esa magia del cine que era la atmósfera de la que hablaban mis compañeros exhibidores, que una persona tenía la sala cinematográfica donde se contagiaba de la risa, del llanto, etc., donde hay una verdadera calidad. Vemos a los chavales jóvenes viendo películas donde difícilmente se distinguen los colores en el teléfono móvil o donde difícilmente se aprecia lo que es un sonido estéreo en un reproductor portátil.
Este consumo, que yo llamo fast-food, genera un nuevo mercado. Entre los jóvenes ahora impera el fast-food, o sea, “yo ya la he visto”. Hoy en los institutos se puede ver a los jóvenes cómo compiten entre ellos a ver quién es el primero que ha conseguido descargarse una película estrenada el viernes y el lunes vacilar a sus compañeros diciendo “yo ya la tengo”. Esto es increíble porque llega un momento que no ven ni las películas. Hay una moda de querer tener, que de poder disfrutar. Hoy hay gente que tiene en sus i-pods que tiene miles y miles de canciones que no sería capaz de poder escuchar en toda su vida, o que tiene cientos de películas que se han bajado de internet, que deja el ordenador bajándose todo el fin de semana para tener 14 estrenos o 15 estrenos que es imposible que pueda ver durante la semana porque necesita su disco duro libre para volverse a bajar más la siguiente semana.
Esto es algo contra lo que no podemos luchar. Lo que tenemos que inculcar a toda la sociedad, a todos los jóvenes que se inicien en el mercado cinematográfico, es la idea de calidad. Es como si a un chaval sólo le enseñamos a comer frankfurt y patatas fritas, y no les mostramos lo que es un buen restaurante, ese ambiente, ese buen servicio, ese buen plato. Pero esta es una opinión personal.
Hoy el DVD ha penetrado en todos los hogares, prácticamente no hay ningún hogar que no tenga un DVD, con lo cual se facilita ese consumo doméstico y el que mucha gente tenga acceso a obras cinematográficas clásicas. Hoy las reediciones y las digitalizaciones de obras clásicas permiten a cualquier espectador comprar un DVD y revisar una obra que difícilmente se podría ver en una sala cinematográfica, que últimamente las televisiones tampoco proyectan, bien sea porque son clásicos o bien porque sea una obra pequeña, minoritaria como es el caso de las películas que distribuye Cameo: un cine independiente que sólo puede verse en DVD, puesto que las televisiones no tienen como objetivo la difusión de obras minoritarias o de obras clásicas.
Esto genera una audiencia fragmentada. Hoy tenemos canales temáticos en todas las plataformas a través de satélite donde un espectador puede encontrar diferentes canales que le complacen sus gustos. Puede encontrar un canal con películas de Hollywood, estrenos cinematográficos de grandes producciones como puede encontrar canales donde simplemente tiene obras más minoritarias, o donde tiene deportes, o donde tiene una serie de contenidos que a él le puedan interesar. Evidentemente esta fragmentación hace que el mercado se dinamice, el mercado es más grande: hoy a nadie le sonará a chino si decimos que vemos más películas que nunca. Otra cosa sería ver quién hace el negocio, porque todo el mundo tiene películas: hoy los jóvenes ven más películas que nunca, pero realmente el negocio no está en manos de los exhibidores ni de los distribuidores; está en manos de unos señores que no pertenecen ni a una asociación, que no pagan sus impuestos, que son totalmente ilegales y que lo único que están haciendo es matar no a la industria, sino al cine. Al final acabarán matando al cine puesto no hay un estándar de calidad que no es válido para ellos. Lo importante es que cuanto menos tiempo tarde en descargar es mejor, si me tengo que cargar un trozo de película, pues lo corto. Esto lo único que hace es atentar contra el cine. Desde aquí lo que quiero es lanzar un grito a las administraciones públicas para que se involucren para luchar contra ellos, porque si no realmente van a ser los que van a matar al cine, puesto que van a acabar con los exhibidores, con los distribuidores… El cine acabará en manos de ellos porque los señores productores dejarán de hacer negocio, dejarán de hacer películas. Al final, esos piratas, cuando ya no haya cine, buscarán otra cosa para hacer su negocio, pero nosotros, todos los de la industria cinematográfica no podremos vivir de ello.
En el futuro, como lo veo yo, el cine debería mantener las ventanas de explotación y cuando hablo de esto, yo también quiero decir que esa es la ley, pero es ley solamente para las producciones cinematográficas españolas. Creo que es vergonzoso que un estudio norteamericano pueda hacer una película que a los dos o tres meses esté disponible en un formato en DVD, o la pueda emitir en televisión cuando quiera, cuando llegue a sus acuerdos; en cambio, una obra cinematográfica española deba esperar cuatro meses a poder ser distribuida en dvd. Todos sabemos, y lo he comentado anteriormente, el consumo tan acelerado de los audiovisuales, que hace que películas ya no están en cartel a las siete, ocho semanas. Entonces, como distribuidores de DVD nos vemos obligados a tener que esperar ocho semanas más, a esperar dos meses más, para que se cumplan los cuatro meses de obligado cumplimiento que exige la ley. Pero ves una película americana estrenada la misma semana, que a las ocho semanas deja de hacer recaudación y ya no está en ninguna sala cinematográfica, y tienen el derecho y están amparados por la ley para sacarla en DVD. Esto es completamente desfavorable para el cine español. Tenemos que estar todos bajo un mismo paraguas, no puede ser que el cine español deba esperar cuatro meses y el cine americano pueda salir cuando quiera. O todos cuando quieran o todos cuatro meses. Yo particularmente pondría un plazo de tiempo para todos igual, porque de esta manera protegemos la exhibición cinematográfica.
Cuando decía que se produce un mayor consumo de producto cinematográfico, me amparo en cifras en un país donde la piratería no tiene la importancia que tiene en España. Somos líderes en Europa en piratería, y después de China, Rusia y Hong Kong, vamos nosotros. Esta es una imagen patética de nuestro país.
Podemos ver que para mí el cine tiene un vínculo con la exhibición cinematográfica cuando las pruebas que se han hecho de estreno simultáneo en cine, en vídeo, en televisión y en Internet ha sido un fracaso: la película de Barbet Schroeder con la que se hizo la prueba en EEUU de emitirla a la vez en las posibles formas de difusión fue un fracaso, porque nadie hizo dinero, no funcionó; al contrario, lo que había era un desconcierto en cuanto a saber cuándo, cómo se podía ver esa película.
Vemos que el cine va a seguir siendo una fuerte industria porque es donde se apoyan todas las grandes producciones. Las grandes producciones se conciben para poder ser exhibidas en grandes pantallas de cine con 200 ó 300 personas juntas viendo la película. Ningún productor concibe una gran producción para que se pueda ver a través de dos o tres personas delante de una televisión por más que debamos hacer reformas en el salón y pongamos una de 100 pulgadas.
Con esto quiero decir que el cine no cambia nada, tiene un futuro espectacular, pero donde sí tenemos la revolución, y hay que estar preparados, es a nivel del hogar. A nivel doméstico tenemos una revolución cuando vemos que llega el HD en DVD, el Blue Ray, los nuevos sistemas de reproducción de DVD que permitirán que una persona en un simple disco tenga una serie de 14 ó 15 episodios de una hora donde la calidad es espectacular, donde el sonido es 5.1, donde el sonido crea la gran diferencia, porque antes se ha hablado de la diferencia entre la televisión de tubo y el HD, pero yo creo que donde ha habido una revolución es en el sonido… De escucharlo como en una caja de galletas, a disfrutar la diferencia entre un silbido y un instrumento musical.
Vemos que toda la industria del hardware, la industria dura va dirigida hacia el hogar: existen discos duros, consolas que ya te obligan a estar conectado a Internet; veremos que, en muy poco tiempo, esas mismas consolas permitirán entrar a un portal donde habrá disponibilidad de películas de una forma legal, que se las podrá descargar el mismo usuario mientras está jugando, con lo cual tendrá sus contenidos disponibles para el día que quiera disfrutarlos. Pero no vemos que todo nos lleve a un usuario que no quiera salir de casa para disfrutar de un contenido, porque cuando quiera disfrutar de una obra cinematográfica evidentemente saldrá a la calle a verla.
Esto lo podemos ver cuando las películas dirigidas a los jóvenes son las de mayor recaudación. Se da la simbiosis en la que el joven es el que más disfruta de la piratería o el que más piratea, pero cuando hay un estreno de una película como El Señor de los Anillos rompen la taquilla el primer día, porque lo que quieren ver es una obra cinematográfica de esas características en pantalla grande y sentir la experiencia. Entonces creo que ahí es donde tenemos que educar: si tú has disfrutado viendo esta película en esta sala, en este formato, con este sonido, en este ambiente, deberías de verlas todas así. Intentar que la gente vaya al cine a través de la educación, yo creo que es un legado de padres a hijos, de educadores a alumnos, de empujar a la gente, a los jóvenes, hacia el cine porque posiblemente dentro de de diez años van a ser los que están dando taquilla de las salas cinematográficas. Si lo único que hacemos es dejarlos en casa y permitir que estén banalizando el cine a través de formas nuevas de consumo como el i-pod, el teléfono o los reproductores pequeños, yo creo que ahí tenemos un problema.
También a nivel doméstico vamos a tener un boom en la alta definición. Aunque hoy todavía la penetración es muy pequeña, creo que va a ser espectacular cuando todos los hogares tengan una televisión capaz de reproducir en alta definición. Eso va a hacer que la gente se quede clavada en su butaca viendo una película de cine. A nadie escapa, que cuando hubo el cambio de VHS/Betamax hacia el DVD, la gente descubrió la calidad. Dijo, ahora sí que vale la pena ver películas que se ven de forma nueva, de forma que para mí es una experiencia enriquecedora y nueva. Yo creo que con el alta definición va a haber ese nuevo cambio, la gente va a decir “pero yo qué estaba viendo hasta ahora”, esto parece que esté en el cine.
Al final va a ser en la sala de cine, va a ser en casa, pero siempre van a ser contenidos cinematográficos. Esto es importante, porque el tema de YouTube, los gags en Internet, etc., es una moda, es algo que va a existir a partir de ahora siempre, porque permite que la gente pueda subir cualquier tontería a Internet para que otra persona la pueda disfrutar. Pero realmente, lo que al final la gente busca y con lo que la gente disfruta es con el cine. En definitiva, todas estas formas de difusión lo que promueven es un nuevo y un mayor consumo cinematográfico. El cine es el principio y el cine es el final.
PARTICIPANTES EN LA MESA REDONDA
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