Pocas películas pueden enamorar en los primeros segundos de metraje. Pocas películas pueden, con un primer plano inicial, conectar al espectador con la historia y su protagonista, incluso sin apenas saber de ella. Morro es esa película. Porque Morro, además del título del segundo largometraje del cineasta mexicano Rodrigo García Saiz, es el nombre del perro protagonista cuya mirada enamoró al director y enamorará a los espectadores del Zinemaldia.
En esos primeros segundos conocemos a Morro, el perro de un capo de un cartel mexicano, el cartel que asesinó al hijo de Mateo, un veterinario de un pequeño pueblo en el que la violencia por el narcotráfico es algo habitual. Mateo está en pleno proceso de duelo, sobreviviendo a la pérdida y a la soledad en su día a día, cuando el destino quiere que sus caminos se crucen y tenga que curar al perro, herido de un disparo.
Aun sabiendo quién es el dueño, Mateo no duda en salvar la vida al animal. Mientras se recupera de la intervención, Morro permanece en casa de Mateo y comienza a formarse un inesperado vínculo entre ambos. Y es entonces cuando y no está tan claro quién ha salvado a quién. “Me interesaba mucho como director contraponer un ser vivo tan noble y leal, que no juzga ni pide explicaciones y lo único que quiere es recibir amor y dar amor, en ese contexto tan violento, oscuro y triste”.
Aunque es su segundo largometraje como director, Morro es su debut como guionista, ya que escribió el guion junto con Carlos Armella, lo que lo convierte en su trabajo más personal. Su ópera prima, Lluvia, se estrenó en cines en 2024 después de ser seleccionada en festivales como Málaga, Morelia, Miami, La Habana y Los Angeles Latino.
Desde que empezó a escribir el guion, tuvo en la cabeza el nombre del destacado actor mexicano Gustavo Sánchez Parra, que con sus silencios y miradas sostiene prácticamente solo la película.
El film se completa con la subtrama de los jóvenes Isabel y Poncho, que el cineasta aprovecha para hablar de la desesperanza de esa generación que acaba en ese mundo por necesidad. “El narcotráfico se ha convertido en una conversación cotidiana en México. Sin embargo, el foco del film no es mostrar esta violencia, sino lo que queda después de esa tormenta del narcotráfico, cómo los personajes sobreviven y siguen adelante, como se ve en Mateo, con dignidad y trabajo”.
Los intérpretes son el propio Gustavo, Anna Diaz, Ernesto Meléndez y Morro, que en la vida real también se llama así. El cineasta confiesa que trabajar con él fue un reto, aunque buscaba precisamente un animal que no hubiese participado previamente en rodajes. “La única manera que yo tenía de controlar el vínculo entre Gustavo y Morro fue que convivieran un tiempo, lo que hizo que el rodaje fuese mágico. Por otro lado, detrás de las cámaras trabajábamos con muchísimo respeto a los tiempos de Morro e incluso si Morro dormía o realizaba sus actividades cotidianas, lo aprovechábamos para la escena”.
Trabajar con un perro no ha sido el único desafío del largometraje, ya que fue rodado en 35mm. “Esta película me reenamoró del cine; es una película hecha con amigos que se convirtieron en hermanos. Todos queríamos contar de la manera más honesta posible una historia en la que creíamos. Alfonso Herrera hizo la fotografía y pensamos en romper con el estereotipo de la violencia en México, algo distinto que dejara respirar, que más que la sangre, dejara ver al personaje y la condición humana. Por eso decidimos hacerla en 35mm. Kodak nos apoyó muchísimo en ese sentido”. La fotografía es, también, algo que enamorará al espectador del Zinemaldia.
“El verdadero cierre de la película es que hay luz y esperanza; la ternura y la empatía son una medicina increíble para contrarrestar la violencia, la maldad y la negatividad que hay en este mundo”, declara el director. Morro se estrena hoy en el K2 con el equipo de película presente, y pretende, en palabras de García Saiz, “dar algo de luz en la oscuridad”.
IRATXE MARTÍNEZ