“Y resistí. Resistí, resistí, resistí…”. Hasta nueve veces repite el protagonista de Esta soledad / This Solitude la palabra “resistí” en su fascinante monólogo de clown inicial. “Resistí, resistí, resistí…”. Una profecía de los 110 minutos que pondrán a prueba su capacidad, precisamente, de resistir. A la familia, al duelo, a las ausencias, al desamor, a la ruptura, a la decepción, al fracaso, a la precariedad. A la vida, en resumidas cuentas.
El director de Barakaldo Javier Giner es muy polifacético, escribe libros, guiones, dirige cortos, series y ahora ha dado el salto al largometraje con esta historia basada en la obra de teatro “Fuga de cuerpos”, de María Velasco, en la que vuelve a trabajar con los actores Oriol Pla y Marina Salas, y que compite en la sección New Directors. “Es una película íntima que juega con una narrativa arriesgada, New Directors es el lugar idóneo para estrenarla”, celebra Giner. “Durante el rodaje, la directora de fotografía Lali Rubio me preguntó: ‘¿Dónde te haría ilusión estrenarla?’ y yo le dije que en New Directors en San Sebastián”.
Sueño cumplido. Esta soledad / This Solitude se estrena hoy en el K2 y compite por el premio Kutxabank-New Directors, pero no es la primera vez del director en el Festival. Yo, adicto (2024), la serie basada en su libro homónimo, se estrenó fuera de competición en la Sección Oficial hace dos ediciones.
En esta ocasión, viajamos a Bilbao para conocer a Leo y Lorea intentando rehacer su vida tras romper su relación. Leo trabaja en un supermercado, es clown y carga, además de con la ausencia de su madre, con su padre enfermo, atrapado entre la responsabilidad y una desconexión emocional que le pesa. Lorea siente que es una escritora fracasada y a duras penas intenta recomponerse, enredada entre trabajos mal pagados y crisis personales. Dos historias paralelas y dos cuerpos cansados y solos, atravesados por lo precario, por lo no resuelto, por la herencia emocional de una generación que parece llegar siempre tarde a todo: al amor, a la estabilidad, a la madurez, a la calma, a la satisfacción personal. “Leo y Lorea son dos personas que están intentando resistir mientras todo se tambalea; están dentro de un periodo de desorientación vital, un periodo de crisis identitaria y emocional”, explica Giner.
La magia ocurre cuando la dirección de Giner se junta con el trabajo visceral de Oriol Pla y Marina Salas. El director se enorgullece del trabajo actoral, pero también de haber vuelto a dotar de imagen a un Bilbao que había desaparecido en la pantalla, el Bilbao industrial, decadente, de cielos encapotados. “Esta historia lleva mucho tiempo conmigo. Después de hacer Yo, adicto volví a la historia y me reconocí en cosas que contaba. Al principio discurría en Madrid y decidí entonces llevármela a Bilbao y hacer una película muchísimo más íntima”.
Pero volver a casa no ha facilitado el salto al largometraje. “Ha sido una película muy difícil de llevar a cabo. Es una película kamikaze en la estructura que tiene y en lo que exige al espectador. Era un misterio si podíamos contar de manera narrativa, pero también sensorial, un estado vital, más que una historia”. Lo que está claro es que el cineasta ha puesto sus tripas, sus emociones y su esencia en cada fotograma. Y que, pese a los desafíos del film, tal y como auguraba el monólogo de inicio: “resistió”.
Sobre sus dos mundos, la literatura y el cine, le preguntamos qué novela le gustaría adaptar. Piensa en su próximo proyecto y sonríe. "Pasapalabra".
IRATXE MARTÍNEZ