Tan solo ha pasado un año desde que Fernando Eimbcke (Ciudad de México, 1970), director de Temporada de patos (2004) o Club Sándwich (Concha de Plata a la mejor dirección en 2013), participara en esta misma sección del Festival. 2025 fue el año de Olmo y este es el de Moscas, que se alzó el año pasado con el Premio de la Industria WIP LATAM en San Sebastián.
Olga, su protagonista, se ha aferrado a la soledad tras sufrir una gran pérdida, pero el presupuesto que implica la intervención quirúrgica a la que debe someterse le obliga a alquilar un cuarto de su apartamento a Tulio, marido de una paciente hospitalizada en el centro médico que se encuentra frente al edificio donde vive Olga. A Tulio lo acompaña su hijo Cristian, que llega dispuesto a romperle los esquemas.
¿Cómo surge Moscas?
Nació hace dieciocho años. Alejandro (Iñárritu) había visto Temporada de patos y le había gustado mucho; me invitó a colaborar en una serie. Justo ese mismo día estaba en un atasco, y vi un letrero que decía: “Se rentan habitaciones para familiares de pacientes”. Ahí fue cuando apareció una premisa fuerte: ¿Cómo puedes alquilar un cuarto, compartir tu casa, con alguien que está pasando por una situación tan difícil? Escribí el guion en dos días. Se lo mandé a Alejandro. Le gustó. Estábamos en preproducción, pero hubo diferencias con las plataformas y el proyecto no siguió adelante. Un día encontré el guion. Tuve la fortuna de estar trabajando con Vanesa Garnica, con quien ya había trabajado en Olmo. Lo que siguió fue un proceso muy interesante.
¿Qué ha cambiado entre aquel guion y el actual?
Creo que le faltaba lo esencial. Vanesa le dio humanidad. Había diálogos muy, muy, muy bonitos, pero, el segundo día de rodaje, me di cuenta de que Bastián Escobar, el niño, no iba a aprenderse los diálogos. No es que no quisiera obedecer, es que no les encontraba ningún sentido.
¿Eso significó volver a empezar?
No, pero había un problema: el clímax de la película eran los diálogos y perdíamos la fuerza narrativa. Empezamos a quitarlos y a hacer escenas muy dramáticas en términos de acción. Los niños se entienden muy bien cuando los diriges en términos de acciones claras, concisas. A un niño no se le puede hablar del conflicto interior de un personaje, hay que ser muy práctico. Y funcionó.
Vuelve a filmar en blanco y negro.
Me gusta mucho el blanco y negro, pero creo que no importa lo que a un director le guste, sino lo que necesita la película. Creo que el blanco y negro capta mucho más, que nos permite ir a lo esencial. Hay demasiadas cosas sucediendo alrededor de un universo infantil: muchos colores. Y, de repente, el blanco y negro capta los contornos de los ojos, el brillo, la sonrisa…
Además, sentía que el blanco y negro también reforzaba una idea que suena un poquito a cliché: el mundo gris de Olga, con el que me identifico mucho. Vivimos todos muy aislados.
¿Por qué Moscas?
Viene por una canción de Shakira, ‘Moscas en la casa’. En esa época escuchaba mucho sus dos primeros discos. Es una canción que, si la escuchas, tiene mucha conexión con la película. Habla también de una pérdida.
Michelle Franco vuelve a producir una película suya, junto con Eréndira Núñez.
Empezamos a trabajar en Olmo. Creo que Michelle es un productor que respeta muchísimo el trabajo de los directores y, sobre todo, confía. Michelle es alguien que sabe. También es un dramaturgo muy preciso.
MARÍA ARANDA OLIVARES