El cómico estadounidense Jordan Firstman salto a la fama durante la pandemia de la Covid-19, con sus sketches cortos Impressions, imitaciones de diversos seres y caracteres publicadas en Instagram Live. Pocos imaginaban que en 2026 iba a revolucionar Cannes con Club Kid, una feel-good movie sobre un promotor de fiestas underground de Nueva York que un día recibe la visita de un niño desconocido que dice ser su hijo. Tras su exitosa proyección, la película despertó una guerra de pujas que terminó con la venta a A24 por la friolera de diecisiete millones de dólares.
Firstman se sinceró sobre la emoción de tal transacción en el divertido Conversatorio que mantuvo ayer en Tabakalera: “Fue surrealista. Todo ocurrió muy rápido. En la proyección, la sala estaba completamente entregada. En la fiesta de esa noche empecé a sentirme triste, porque la belleza sanadora de aquel momento se convirtió rápidamente en una cuestión de dinero. Yo solo iba de un lado para otro reuniéndome con distintos compradores que estaban interesados, haciendo un poco mi espectáculo de relaciones públicas. Los distribuidores estaban llorando y yo no podía saber si era porque querían que les dijera que sí a ellos, o si realmente eran lágrimas sinceras. Pero siempre había sentido que A24 era el lugar adecuado para ella; dejan que sus cineastas participen también en el marketing, y eso me encanta. Así que obviamente estoy contento de que sucediera.”
Del germen del proyecto, “un viaje hacia la autoaceptación, el amor propio y la autocompasión”, dijo: “Con todo mi trabajo, intento averiguar realmente qué quiero decir o qué quiero procesar en mi vida personal en ese momento. Porque ese momento no volverá a suceder. Cuando empecé, llevaba ocho años desarrollando dos series diferentes y ninguna salió adelante. Entonces tenía mi vida ambiciosa en Los Ángeles y luego mi vida muy desenfrenada en Berlín. Salía mucho de fiesta, me sentía mal conmigo mismo y a veces no me gustaba demasiado lo que veía en mi comunidad. También me preguntaba: ¿Por qué no me estoy haciendo adulto? En busca de cómo mostrar una historia de madurez adulta se me ocurrió meter a un niño en ella. Muchas de mis películas favoritas pertenecen a este género. Me encantan Kramer contra Kramer, Luna de papel, El chico. Y sentía que hacía tiempo que no veía una, y desde luego no desde una perspectiva queer. Así que todo encajó y pensé: Vamos allá.”
Firstman también abordó la contención de la dirección de fotografía; la dificultad de ser actor, guionista, director y productor ejecutivo a la vez; la evolución de su “persona” pública; los rechazos en su carrera, por parte de productores heterosexuales que conciben las historias queer como no rentables; o cómo el niño protagonista, Reggie Absolom, conoció por primera vez en su vida a una comunidad trans, unida por un complejo proceso de casting. Para Firstman era importante no simular o recrear un ambiente, sino capturarlo: la cinta “es una cápsula del tiempo real, porque está ocurriendo ahora mismo”.
Por último, al público le esperó una sorpresa: la presencia en el encuentro de la estrella Diego Calvo, crush del director cuando le vio en Babylon, que concluía: “Club Kid se lo ha ganado todo solita.” El Conversatorio dejó los dientes largos al público, que podrá ver el largometraje en Perlak a partir de hoy.
M. H.