Es la segunda vez que los directores de Burgundy, una de las dos películas que hoy se estrenan en Culinary Zinema, presentan película en la sección. La primera fue The Truffle Hunters, el año de la pandemia, por lo que no pudieron hacerlo en persona. En esta ocasión, en cambio, sí podrán. Michael Dweck llegó ayer a San Sebastián y Gregory Kershaw lo hará hoy, coincidiendo con el estreno. Por eso, Kershaw participa en esta entrevista vía online.
The Truffle Hunters estaba rodada en la región italiana del Piamonte y presentaba a su comunidad de buscadores de trufa blanca. Burgundy, en cambio, se adentra en esta famosa región francesa conocida por su cultura del vino. “Nuestras películas siempre parten de comunidades que tienen una relación muy estrecha con la naturaleza y que intentan mantener vivas sus tradiciones”, explican los cineastas.
Del mismo modo, el proceso creativo que han utilizado para llevarlas a cabo ha sido parecido. “Nuestro proceso consiste en introducirnos en una comunidad. Pasamos semanas o incluso meses allí, sin cámara, simplemente conociendo a la gente y tratando de entender cómo funciona esa comunidad, cómo es su vida. Después, cuando conocemos a personajes que nos parecen realmente interesantes, empezamos a filmar”, cuentan.
Aunque se trata de dos regiones muy arquetípicas, los dos cineastas aseguran que nunca llegan a una comunidad con una idea o historia predeterminada. “Simplemente sentimos que allí hay algo interesante y nos sumergimos en ese mundo para ver qué sucede”. Para los dos realizadores, “no se trata simplemente de filmar un lugar, sino de preguntarnos quiénes son las personas que viven allí y qué define ese lugar”.
Los dos cineastas dedican mucho tiempo a conocer un lugar en profundidad para poder mostrarlo de una manera diferente. “Ese es nuestro objetivo: llegar a la esencia de la región, a su dimensión espiritual”.
Uno de los aspectos originales de su propuesta es que el espectador no sabe si el film es ficción o no ficción. A pesar de ello, los directores aseguran que nada de la película está guionizado y que todas las personas que retratan son reales. “No pensamos en la película como un documental o como un documental con elementos de ficción. Simplemente pensamos en ella como cine. Queremos que el espectador se deje llevar y experimente la película sin preocuparse de si pertenece a un género u otro”, dicen.
Aun así, reconocen que no son los típicos documentalistas que adoptan la posición de observadores completamente externos. “Estamos implicados con las personas que filmamos. Hablamos constantemente con ellas sobre lo que está ocurriendo en sus vidas. Les preguntamos qué deberíamos filmar y también les proponemos nuestras propias ideas”, explican.
A partir de ahí, todo fluye. “Tenemos cinco o seis personajes y tratamos de construir una historia a partir de ellos. Cada personaje tiene su propio arco y, al mismo tiempo, la película en su conjunto también tiene un arco narrativo”. Obviamente, todo ello nace en el montaje, donde los cineastas buscan tres elementos: “sorpresa, misterio y humor”.
IKER BERGARA ETXEGARAI