La tarea de ser jurado en un festival va más allá de premiar una película. La discusión que le precede es una oportunidad para que se ejerza el pensamiento en torno a las imágenes a través de la conversación. Este proceso, evidentemente, ocurre tras bambalinas. Sin embargo, las integrantes del jurado de la sección Zabaltegi-Tabakalera, Mariette Rissenbeck (quien lo preside), Catalina Vasconcelos y Ion de Sosa reflexionaron ayer sobre cómo han llevado a cabo su encomienda.
Día a día, el jurado encontró que la mejor estrategia a seguir era “hacer un pequeño análisis de lo que pensamos después de ver cada película para poder acordarnos de todas”, declaró Mariette Rissenback. Al tener veintidós filmes que ver, la memoria puede ser engañosa por lo que es preferible ir poco a poco. Al llegar a la mitad, harán un balance de lo visto hasta ese momento, según comentaron. Las conversaciones que sostienen tras cada proyección se centran en “las sensaciones que les produjo cada película, además de su forma y los aspectos estéticos”, comentó Ion de Sosa.
A diferencia del resto de secciones del Zinemaldia, Zabaltegi-Tabakalera tiene la particularidad de que reúne películas de diferentes duraciones. “Es un reto”, confesó la presidenta del jurado, “porque comparar un largometraje con un cortometraje es difícil, nos hace pensar más sobre que es aquello que queremos premiar, a quien tiene más sentido otorgárselo”. Esta diversidad, no obstante, “es muy bella, ya que nos da la oportunidad de ver películas no sólo de varias duraciones sino también de diferentes formatos”, destacó Catalina Vasconcelos. A lo que Rissenbeck complementó “que muchas películas son completamente experimentales, otras claramente narrativas, por lo que la diversidad de lenguajes fílmicos es evidente y muy enriquecedora”.
Ante la pregunta de si existen algunas tendencias formales, Ion de Sosa mencionó que “lo interesante es, precisamente, que no hay repeticiones, no hay común denominador, sino que cada película es una ventana a un lugar geográfico, una situación política, una manera de narrar, una sensibilidad específica: es una sección muy bien curada”. En tiempos donde lo industrial cada vez va ganando más terreno, una sección como Zabaltegi-Tabakalera, en palabras de Vasconcelos “resulta muy refrescante ya que son filmes arriesgados, que desafían las estructuras, que se sienten verdaderamente como nuevos, lo cual no quiere decir que sean voces nuevas sino que algunas persisten en su voz propia y eso es inspirador en una época como la nuestra”.
Y es que la inspiración va más allá del proceso de ver y deliberar, dado que se podrá extender a la práctica creativa de los integrantes. Las tres se dedican a la creación, si bien desde diferentes frentes. “Es muy arriesgado igualmente seleccionar a tres personas que no se conocen y tienen que elegir; es muy emocionante, bello, divertido e inspirador para tres personas que somos cineastas”, concluyó Catalina Vasconcelos.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ