Danny Boyle tiene algo de camaleón en sintonía con François Ozon, Michael Winterbottom y Steven Soderbergh, directores que ruedan mucho y no tienen una línea temática y estética tan definida como la de otros cineastas a los que se considera autores precisamente por su unidad de estilo e intereses argumentales. Boyle, como los tres citados, ha tocado muchas temáticas, empleado estilos distintos de filmar –acordes, en general, con esas temáticas– y practicado géneros de lo más variado en un elogio, a veces cuestionado, de la pluralidad. ¿Alguien habría imaginado en 1996 que el director de la semi-punk Trainspotting iba a dirigir películas de zombis y biopics de magnates de la comunicación digital o en papel como Steve Jobs y Rupert Murdoch?
Tras debutar como director en series de la BBC a finales de los ochenta, ya destacó con su primer largometraje, Tumba abierta (1993), comedia negra, arrebatada y criminal protagonizada por el que sería su habitual compañero de aventuras cinematográficas de esta primera etapa, Ewan McGregor, con quien haría a continuación Trainspotting y Una historia diferente (1997), reencontrándose años después con las andanzas del díscolo grupo de amigos y yonquis de Edimburgo en T2: Trainspotting (2017).
Entre el primer y el segundo acercamiento a la prosa eléctrica y drogota de Irvine Welsh, Boyle empezó a probar con otros géneros, temas y estilos. En La playa (2000), según la novela de Alex Garland, ya tuvo a una estrella estadounidense al frente del reparto, Leonardo Di Caprio, y amortiguó algo el estilo epidérmico que le había caracterizado hasta entonces. Después cayó en las redes del cine de zombis con 28 días después (2002), inicio de una nueva saga sobre muertos vivientes que contempla ya tres películas de las que Boyle rodó una más, 28 años después (2025), y proyecta otra para dentro de dos años, 28 años después Parte III.
Por temas y manera de aproximarse a ellos, narrativa y estéticamente, resulta muy difícil encuadrar a Boyle: el requiebro es su mejor arma para intentar sorprender. Ahora una fantasía infantil sobre dos niños que pierden a su madre, Millones (2004), ahora una película de ciencia ficción postapocalíptica escrita por Garland, Sunshine (2007). Ahora un drama popular estilo Bollywood, Slumdog Millionaire (2008), ganador de ocho Oscar, ahora un filme claustrofóbico sobre un escalador atrapado en una profunda grieta, 127 horas (2010). Después una adaptación del moderno Prometeo de Mary Shelley en versión escénica, National Theatre Live: Frankenstein (2011) y un neo-noir amnésico, En trance (2013). Y, por sorpresa, una biografía del creador de Apple en su momento de esplendor, Steve Jobs (2015), con guion de Aaron Sorkin e interpretación de Michael Fassbender –con sus luces y sombras, como en todo biopic que se precie– y, en clave musical, una fantasía sobre un músico que es el único en el mundo capaz de recordar a The Beatles, Yesterday (2019), y una serie sobre los Sex Pistols, Pistol (2022). Por temas y giros que no quede.
QUIM CASAS