Este año, María Vázquez ha cambiado de lugar en el Festival. Después de ocho ediciones vinculada a distintas películas y secciones, la actriz viguesa, afincada en Lugo, afronta la cita como presidenta del jurado del Premio Agenda 2030 Euskadi Basque Country, junto a la actriz y artista Jone Laspiur y el director de Innovación Social Agenda 2030 del Gobierno Vasco, Asier Aranbarri. La propuesta partió de José Luis Rebordinos, y le ha permitido mirar el cine desde otra perspectiva.
“Es una responsabilidad, pero siento que puedo estar disfrutando mucho más de la ciudad, del cine, sin el estrés de cuando vienes a estrenar algo”, explica. Aunque reconoce que separar a la actriz de la presidenta del jurado no es fácil. Sus emociones y su forma de mirar las películas inevitablemente entran en juego, en especial ante un premio que conecta con cuestiones sociales en las que está “bastante metida desde el activismo”.
Las siete películas candidatas ponen sobre la mesa un debate que Vázquez considera esencial: la necesidad de escapar de las respuestas fáciles. “Hay muchas temáticas que con una frase no resuelves absolutamente nada. Te quedarías en la superficie”, señala. La deliberación promete ser intensa. “Tengo la sensación de que tenemos criterios muy diferentes, y eso es maravilloso”
Esa defensa de la complejidad atraviesa su manera de entender el cine y el momento social actual. Frente a la velocidad de los discursos actuales, reivindica las historias que hacen preguntas, crean empatía y obligan a revisar las propias certezas. “Muchas veces nos aferramos a nuestras creencias pensando que son las únicas y las buenas”, reflexiona. Para ella, el cine puede abrir la puerta a otras perspectivas sin renunciar a las líneas rojas vinculadas a los derechos humanos.
El ODS 16, dedicado a la paz, la justicia y unas instituciones sólidas, conecta especialmente con esa mirada. Vázquez reivindica el poder del audiovisual para provocar un impacto inmediato: “Es una herramienta mucho más poderosa de lo que creemos. Pero esa responsabilidad, advierte, no termina en lo que cuenta una película.
“Una película también es cómo se hace, no solo el tema”, sostiene. Por eso le gustaría que la quinta ganadora del Premio Agenda 2030 también tuviera su propio proceso de creación en sintonía con esos valores. Sabe que es difícil juzgar lo que sucede fuera del rodaje, aunque cree que “de alguna manera también puede intuirse”. Ante una selección que considera especialmente complicada, lo resume así: “Peliculones son las siete, y muy diferentes. Ojalá acertemos y seamos justos”.
En sus distintas visitas al Festival, Vázquez ha comprobado también que el cine puede ser un lugar para encontrarse. Recuerda especialmente la presentación de Rondallas el año pasado, una película que, en su opinión, hablaba de la posibilidad de ponerse de acuerdo. “Las rondallas juntan a gente que, en cualquier otro lugar, no se reuniría jamás”, recuerda. “Conocerse, mirarse cara a cara y descubrir a la persona que hay detrás de una determinada realidad puede derribar barreras”, dice.
Recuerda el pase de Rondallas en el Velódromo, con el público en pie y acompañando incluso las canciones de la película. “Fue como: ¡guau! Muy impresionante, muy emocionante”. Quizá esa sea también la mejor definición de lo que busca en las películas que optan al premio: historias capaces de abrir conversaciones, cuestionar certezas y encontrar, incluso entre las diferencias, un lugar común desde el que mirarnos.
ANDREA DE TORO GARCÍA