Una frontera sirve para contener, pero a menudo alberga lo incontenible. En Bian Jing / Border el aislamiento y la incomunicación alimentan la narrativa, que se abre lugar en un entorno de lo más hostil. Una explotación minera del norte de China, cerca de la frontera con Mongolia, es el escenario que condena a los personajes a vivir bajo un cielo gris y contaminado.
La rueda de prensa de la ópera prima de Ah Biao reunió en la mesa del Club de Prensa a muchos jóvenes que, por primera vez, se habían enfrentado a un largometraje. La Sección Oficial del Festival ha demostrado empeño y apetito por el riesgo. La apuesta por una obra que se sitúa en los márgenes de la narración convencional y en una frontera desdibujada entre thriller, cine policiaco y drama intimista con tintes de consciencia.
Ah Biao se ha dedicado al trabajo de cámara en otros proyectos cinematográficos durante diez años. Las noticias que leyó el año pasado en periódicos sobre desigualdades y crimen lo impulsaron a escribir esta historia. Pero es solo el punto de partida, para Biao el relato no es esencial. Más que narrar unos acontecimientos, en Border quiere mostrar el movimiento de las emociones, las relaciones que se establecen entre los personajes y su entorno, y aquello que sucede cuando un cuerpo entra en un espacio y empieza a relacionarse con él. “Mi motivación es mostrar la esencia de las personas”, remachó.
Sus dos personajes protagonistas son un joven minero frustrado y una chica misteriosa que se pasea de rojo en ese universo gris. El espacio no es tanto un lugar físico sino mental de unos personajes desprovistos de futuro y con el deseo truncado.
También los actores describieron un método de trabajo coherente con esa filosofía. Yan Li, que encarna al joven protagonista, explicó que, al llegar al lugar de rodaje, lo importante no era anticipar qué iba a suceder allí, sino detenerse, observar, sentir el paso del tiempo y dejar que el cuerpo reaccionara al espacio. El cuerpo como herramienta narrativa básica que la película contempla como expresión del conflicto emocional más básico y humano: “La ‘frontera’ del título no señala tanto un límite político sino más bien la distancia inquebrantable entre las personas”, explicó el director.
Feng Qi, la actriz revelación que interpreta a la misteriosa prostituta mongola, destacó que no había visto la película hasta su proyección en el Kursaal. “Fue como abrir un regalo”. El único veterano del equipo es el actor Han Sanming, que ya ha participado en producciones chinas que han pasado anteriormente por el certamen. Sin embargo, es su primera vez fuera de China y está muy emocionado: “Los espectadores, aquí, son muy expresivos y entusiastas”; una experiencia reveladora que se lleva de vuelta a casa. Todo gracias a una producción que tiene su pilar en Hong Kong y que se ha podido levantar por las alianzas con Corea del Sur y Estados Unidos, donde la productora Jenny Man Wu tiene amigos dispuestos a ayudar a que al cine independiente chino brille en festivales internacionales. Recuerda a los inicios de Jia Zhang-Ke y Tsai Ming-Liang, referentes estéticos no nombrados, pero que pueden ayudar a comprender el universo de este nuevo director al público sediento del cine chino por llegar.
MARC BARCELÓ