El titular de este artículo sale de una escena de FLORID, la ópera prima de Billy Lumby (Reino Unido), en la que escuchamos hablar a diferentes miembros de un círculo de apoyo para personas con esquizofrenia. Y es justo lo que el film te hace ver (y sentir), que las personas con esquizofrenia son más que las voces en su cabeza.
Es un tema delicado. O tabú. O es delicado precisamente porque es tabú. La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales con más estigma social y discriminación en la sociedad. Lumby, que se declara fan de Luis Buñuel y está deseando probar los pintxos, lo sabe y por eso decidió que daría el salto al largometraje para “visibilizar y concienciar”: “A menudo, en las películas de terror, se percibe a las personas que oyen voces como peligrosas o violentas. La única vez que se menciona en las noticias a personas con diagnóstico de esquizofrenia es en un contexto negativo. Esto no refleja la realidad del colectivo de personas con problemas de salud mental. Es sumamente raro que alguien con diagnóstico de esquizofrenia cometa actos violentos. Con esta película, no pretendía necesariamente emprender una cruzada para cambiar la opinión de la gente; mi objetivo era, sencillamente, mostrar la realidad”, explica el cineasta.
FLORID es un duro y asfixiante (pero auténtico) relato de la esquizofrenia en primera persona. Jamal, diagnosticado con esquizofrenia, vive en una residencia junto a otras personas con problemas de salud mental. Frustrado por los efectos secundarios de su medicación, deja de tomarla, lo que provoca que las voces que oye se vuelvan más frecuentes e intensas. Con un estado de ánimo cada vez más inestable, Jamal entabla amistad con Kyla, otra residente. Sin embargo, a medida que las voces se intensifican, Jamal debe enfrentarse a la difusa línea que separa la realidad de los sucesos que vivió su familia en el pasado para lograr reconciliarse con esas voces.
La película no es autobiográfica, pero Lumby escribió el guion basándose en la experiencia de un amigo cercano y en la suya propia. “He tenido mis propias dificultades de salud mental y eso me ha afectado en el trabajo y en la vida personal, así que quería expresarlo y mostrar cómo es a la gente que no entiende la salud mental”. Para documentarse, en colaboración con la comunidad de salud mental de Londres, el director investigó a fondo el sistema psiquiátrico del Reino Unido y se entrevistó con diferentes personas de hospitales psiquiátricos y albergues para personas sin hogar. “Muchos de los actores de la película no han actuado antes, eran no profesionales. En el film aparecen personas reales con esquizofrenia, otras con trastorno bipolar, trabajadores sociales reales… Hay mucha improvisación en el film para darle autenticidad”, explicaba Lumby.
FLORID es una película intensa con un ritmo y puesta en escena abrumadores que el espectador vivirá con angustia y desazón. Las mismas que experimenta el protagonista. El director es consciente de su arriesgada apuesta: “Si a todo el mundo le gusta la película, creo que es mala señal. Me gusta hacer películas que desafíen a la gente y que ponen nuevas ideas sobre la mesa. No a todo el mundo le gusta eso”.
No es una película fácil ni agradable, porque la esquizofrenia tampoco lo es, pero es una película necesaria, como todas las películas que nos hacen comprender a los demás.
IRATXE MARTÍNEZ