La directora chilena Dominga Sotomayor regresa a Horizontes Latinos tras competir en 2025 con Limpia. En 2020 codirigió con Carla Simón Correspondencia (Zabaltegi-Tabakalera), premio al mejor cortometraje latinoamericano en Mar del Plata. Su nueva película, La perra, estrenada en la Quincena de Cineastas de Cannes, nos traslada a una remota isla del sur de Chile y cuenta la historia de Silvia, una mujer que vive junto a su pareja y se gana la vida recolectando algas. La llegada de Yuri, una cachorra abandonada, despierta en ella un deseo de ser madre que había permanecido reprimido durante años. Pero la desaparición del animal reabre un trauma de su infancia que la obliga a enfrentarse a un pasado que nunca ha conseguido superar.
El film, adaptación de una novela de Pilar Quintana ambientada originalmente en Colombia, encontró en la isla de Santa María el escenario que Sotomayor buscaba. El productor Fernando Bascuñán explicó durante la presentación, a la que la cineasta no pudo asistir por su reciente maternidad, que el equipo emprendió un viaje de investigación por el sur del país hasta llegar, “de forma un poco accidental”, a una isla prácticamente desconocida y sin infraestructura turística. “No había hoteles ni cabañas y el ferry solo funcionaba determinados días de la semana”, recordó.
La naturaleza también fue determinante para construir la identidad visual de La perra. El director de fotografía, Simone D’Arcangelo, compartió que el equipo buscó referencias en la pintura y trató de filmar el paisaje de una manera “más visceral”. La intención era que la imagen reflejara también los dos mundos que conviven en la película: el de Silvia y el de Yuri. “Pensamos la imagen desde la mirada del perro y desde la de la protagonista. Son dos mundos diferentes y queríamos que esos dos personajes también se reflejaran visualmente”, explicó.
Uno de los mayores retos del rodaje fue trabajar con Yuri, una perra rescatada de un refugio que no había sido entrenada para actuar. Manuela Oyarzún, que interpreta a Silvia, confesó que apenas tuvo tres o cuatro encuentros con ella antes de comenzar el rodaje. La intención era precisamente encontrar un animal que conservara “un instinto más inmediato” y que no estuviera excesivamente domesticado.
El proceso obligó a la actriz a cambiar su manera de trabajar. Durante los primeros días, Yuri se escapaba detrás de las vacas o los caballos y el equipo tenía que detener el rodaje y esperar a que regresara. “Ella tenía sus propios tiempos”, recordó. Para la actriz, esa experiencia terminó siendo uno de los mayores desafíos de su carrera: “Fue el trabajo más difícil, pero también la experiencia más hermosa que he tenido como actriz: dialogar con un instinto y no con una razón o con un intelecto”.
La perra llega en un momento de especial reconocimiento internacional del cine chileno. Para Bascuñán, este auge responde a un proceso construido durante décadas y basado en la colaboración. “Creo que existe una confianza que se ha generado y construido dentro de la industria cinematográfica chilena durante los últimos treinta años”, señaló. La perra es fruto de esa colaboración entre distintos territorios, concretamente Brasil y Chile. Para él, esa capacidad de colaboración es también una forma de proteger y hacer crecer el cine latinoamericano: “Creo mucho en la cohesión que se pueda generar en Latinoamérica y en construir un cine que borre las fronteras”.
M.A.O.