En la segunda jornada de la competencia Nest, nuevas voces mostraron sus particulares aportes a tradiciones y géneros cinematográficos de largo alcance. Comenzó con una doble sesión de filmes que transparentaban una mutación tonal (de ida y vuelta) a lo largo de su duración.
El primero, Gislaine, de la cortometrajista, vestuarista y asistente de producción (teatral y cinematográfica) Camila Encarnación, empieza en una fantástica ensoñación: la de una chavala de dieciocho años a la que una artificial voz divina le promete un futuro lleno de fama. Lo que sigue es la fragmentación del Mumblecore, de abarullado naturalismo y montaje rápido, con la protagonista desconectada ante unas amigas que no conectan con su ambición, en el día de su graduación. Realizada como tesis de la dominicana CHAVÓN La Escuela de Diseño y como primer acercamiento a un futuro largometraje (ya guionizado), se trata de una exploración de los deseos y efectos de la viralidad.
Las joviales bromas de una joven pareja de camino a su remoto destino vacacional se ven interrumpidas abruptamente por un desolador accidente de caza. El suizo Micha Straub, desde la Zürcher Hochschule der Künste, presenta un tenso y progresivo thriller sobre el crecimiento de la desconfianza (más o menos injustificada), una modélica cinta de terror cuyos sanguinarios picos contrastan con la belleza del salvaje y extenso bosque, rodado al modo de Kelly Reichardt en Old Joy.
Por su parte, la alemana Zorah Berghammer toma como referencias La chaqueta metálica o Beau travail, en su alegato antibélico A. Wants Out (On Neutrality), en cuya ambición temática y dispositivo formal hace relucir su formación política y filosófica. Los personajes de este estimulante corto de la Universidad de Música y Arte Dramático de Viena y de la Filmakademie Wien, recitan con frialdad, directamente a cámara, tanto testimonios reales de experiencias de soldados, como pasajes de los filmes citados. En la tradición del distante feísmo irónico y la punzante comedia negra crítica de Yorgos Lanthimos, Berghammer puntúa con opresivos sonidos metálicos la historia de un joven vienés que se despide de su estupefacto entorno para alistarse en el ejército.
El film abrió el segundo programa del día, conformado por profundas radiografías de la violencia y el dolor. Enmarcándose en el cine experimental, hibridando numerosos registros, formatos y materialidades cinematográficas (de fotos fijas retocadas, a la filmación microscópica o acuática, pasando por el cine casero y copias en fase de digitalización), la mejicana Karla Condado presenta una íntima y emotiva videocarta dirigida a su tía, víctima de feminicidio, para contarle cómo ha vivido su ausencia, a flor de piel. Una carta catártica, leída en off y escrita a puño y letra en pantalla (en musical contrapunto), que constituye Miriam, estrenado en la competición oficial de cortometrajes de la Berlinale. Estudiante de ESCINE, Condado explicó en el coloquio que tuvo la necesidad de crear esta película como mujer, y no solo como familiar, pero que, hecha a escondidas de sus padres, sirvió para abrir conversaciones pendientes.
La sesión concluyó con la sutileza visceral de la pieza de cámara Small One, de la danesa Anne-Sofie Lindgaard, por parte de la National Film and Television School. Mia llega a la cabaña idílica de su hermana June, que entrega todas sus energías al proceso de fecundación in vitro en que se encuentra. La fraternal comunión pronto se verá quebrada por una noticia transcendental: Mia está embarazada. La directora puso toda su empatía en la creación de unos complejos personajes cuyos celos, culpabilidad, vergüenza y resentimiento quedan reflejados en cada matiz actoral. Su emocionante final sirvió de broche de oro de una jornada para el recuerdo.
MANUEL HEVIA