Enriquecedora y estimulante, así definen la experiencia los miembros del jurado del Premio Irizar al Cine Vasco. Este año, los encargados de elegir la mejor película vasca presentada en estreno mundial en cualquier sección del Festival han sido la actriz Marta Etura, la escritora y periodista Txani Rodríguez y Simon Blondeau, subdirector del cine L’Atalante de Bayona.
Cuando apenas les quedan un par de películas por ver, los tres se congratulan de haber podido disfrutar, gracias a su labor como jurado, de una cosecha de cine vasco tan diversa y de tanta calidad y, más todavía, de haber podido intercambiar opiniones y debatir sobre ellas. “Ver cine siempre despierta reflexión y debate, y eso para mí es fantástico”, opina Simon Blondeau. Para Txani Rodríguez, “poder escuchar y alimentarte de otros puntos de vista” es uno de los puntos fuertes que tiene ser jurado.
A pesar de ello, los tres miembros del jurado reconocen que después de las proyecciones apenas hablaban sobre lo que habían visto. “Bueno, quizá yo un poco más”, reconoce Rodríguez. Marta Etura, en cambio, asegura ser de las que prefiere dejar reposar las películas, no solo cuando es jurado, sino cuando las ve por placer. En su opinión, lanzar una opinión demasiado pronto puede hacerte cautiva de ella. “Por eso, suelo tener la necesidad de digerir la información. Me gusta poder escucharme”, dice.
Donde sí hablaron fue en la comida de predeliberación que celebraron a mitad de Festival, una comida que los tres califican de “muy reconfortante”. Para Etura fue fantástico comprobar que, “más allá de nuestras opiniones particulares, los tres compartimos un criterio común”. Por ello, consideran que la comida fue muy “productiva” y les sirvió para asentar lo que hasta entonces les había gustado y lo que no. Fue tal la sintonía que creen que no les va a resultar complicado llegar a la unanimidad.
A este premio cada año optan más películas, fruto del buen momento que atraviesa el cine vasco, una muletilla que, como apunta Txani Rodríguez, lleva repitiéndose desde hace muchos años. “Que el buen momento del cine vasco esté durando tantos años quiere decir que tenemos una industria asentada, y eso es muy bueno”.
Etura, que comenzó a trabajar en el cine desde muy joven, también es consciente de que ahora hay más producción, y “eso es algo que hay que celebrar”. Simon Blondeau, por su parte, más allá del número de producciones, destaca la diversidad y riqueza de las propuestas que se están haciendo. Para él, cada vez hay más variedad en las historias que se cuentan y en las miradas desde las que se abordan, y las películas que este año han optado al Premio Irizar son una buena muestra de ello.
Finalmente, Etura pone en valor otra característica del cine vasco: “su capacidad para evolucionar”. Además, según ella, a pesar de los cambios, el talento siempre prevalece. “Creo que somos un país donde hay mucho talento, tanto a nivel creativo como técnico”. Ese talento constante que, como señala Etura, ha acompañado al cine vasco a lo largo de los años, queda patente cuando se les pregunta por una película vasca que elegirían si tuvieran que quedarse con una sola. Rápidamente aparece un clásico como Tasio, pero también producciones más recientes como Loreak o Amama.
IKER BERGARA ETXEGARAI