¿Qué es un castillo? “Por definición podría ser un lugar cercado o una fortaleza, en la cual no sabemos lo que pasa dentro. Igual que dentro de un burdel, vemos las rejas y las luces de neón, pero no sabemos qué pasa dentro”, explica Mabel lozano la autora del libro “El proxeneta”, en el que está basada El castillo. Una serie de seis capítulos dirigida por Elena Martín y Sandra Romero que ha sido presentada en la Sección oficial fuera de concurso.
Isabel Peña y Eduardo Villanueva son los creadores del thriller que se centra en la trata de mujeres con fines de explotación sexual y en una parte de la mafia proxeneta que la genera. La narración transita entre los finales de los 90 y los 2000, ya que el primer macro burdel de España empezó a construirse en 1999, tal y como indica uno de los rótulos finales que acompaña cada capítulo. Un recurso que consigue ser un choque de realidad.
En ese contexto la serie se construye sobre tres ejes que estructuran el relato; la del proxeneta —El Suizo, interpretado por Raúl Arévalo— líder de un club de carretera donde explotan sexualmente a las mujeres. La de la víctima, Claudia, interpretada por Valentina Vidal, una actriz que se estrena en televisión y que lleva el peso emocional de la serie. Y la trama policial que se une a la judicial que lleva a cabo Gerardo Liesa, interpretado por Omar Ayuso, un joven inspector de policía recién incorporado a la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales).
A través de ellos se crea un panorama amplio, y retratando un horror cotidiano donde lo siniestro se presenta con un aspecto de lo más anodino. Ya que, como indican los creadores de la serie, “el problema nunca fue solo la existencia de los proxenetas, sino la cantidad de instituciones, clientes y ciudadanos dispuestos a convivir con ellos”.
El relato consigue un tono incómodo y a la vez “de andar por calle”. Ya que el villano, no es un arquetipo, y tampoco es un personaje romantizado. “Es un señor que en un bar de carretera se puede estar comiendo un bocata de lomo a las doce de la mañana. Es un ser humano que hace cosas monstruosas”, define Arévalo.
Las directoras recalcaron que han querido escapar del morbo. “Queríamos indagar en el dolor que van a vivir las protagonistas”. Y la escritora Mabel Lozano añadió que la serie “no hace pornografía del sufrimiento”. El hecho de que solo haya dos escenas de sexo en los seis capítulos es una declaración de intenciones, ya que querían deshacerse de las imágenes que nos educan. “Haber escrito solo dos escenas de sexo es una declaración de intenciones, y también lo es el hecho de como retratarlas sin reproducir algunos de los vicios que hemos heredado”, explicó Martín.
Desde la intención de no poner el foco donde siempre se ha puesto surgió la idea de cómo retratar estas secuencias; lo hacen poniendo el foco en ellos, las mujeres no aparecen en ningún momento. “Queríamos huir de la sexualización de las mujeres que íbamos a retratar en la serie y alejarnos de algunas representaciones que hemos visto a menudo en ficción”, explicó Martin.
Es así como la serie muestra una realidad y pone sobre la mesa un tema tan controvertido como tabú. “La serie lo bueno que tiene es que te muestra una realidad y hace que tengas un pensamiento crítico por lo que está pasando; la trata sexual no es un problema, es un delito”, concluyó Lozano.
NAIA ARANTZAMENDI