Ricardo Alves Jr., cineasta y productor, estrena mundialmente su nuevo film A Professora de Francês en San Sebastián. Su protagonista, Graça, vive en Belo Horizonte, lugar de nacimiento del cineasta, donde imparte clases particulares de francés y convive con su novia. Una emergencia de salud de su padre la obliga a regresar a su casa de la infancia, donde una familia vecina que lidera una congregación religiosa local le ofrece apoyo. Graça, atrapada en ese mundo de intolerancias, empieza a perder la cordura.
El regreso a la casa de la infancia puede ser complicado.
Sí, como en la película, en la que el personaje regresa a su casa de la infancia, pero las cosas ya no son iguales. Graça es progresista, una mujer que salió a estudiar, que es lesbiana. Se encuentra frente a un grupo de vecinos que quiere que regrese a una idea de la tradición, a aquello que ellos creen que debería ser. Hay una característica muy fuerte, lamentablemente, en la extrema derecha de Brasil: el uso de la religión como herramienta de poder. Esa mezcla entre política y religión está muy presente.
¿Cómo lo quiso reflejar en el film?
Creo que la película, a través de los géneros del terror y el thriller, juega con esos códigos, pero habla también de algo muy fuerte de la realidad social de Brasil. Me hubiera gustado que, desde que tuvimos la idea, hasta ahora, la película pudiera ser vista simplemente como una película de terror. Pero, lamentablemente es una película de terror social, es decir, habla de algo que sigue estando muy presente, de una realidad.
Una realidad que va a acabar con la protagonista.
Ese personaje tiene la razón como principio y entiende el mundo como algo tangible, pero va a encontrarse con personajes que, de alguna manera, la van llevando hacia la locura. Poco a poco, hacen que su vida pierda el sentido de la razón y, en el momento en que se vuelve vulnerable, ellos la atacan. La dominan.
¿Sabía que filmaría en su ciudad natal?
Todas mis películas han sido filmadas allí, pero veo algo diferente en esta, al menos en cuanto al tratamiento de la puesta en escena. Belo Horizonte podría ser cualquier otra ciudad de Latinoamérica, una gran ciudad. Y nosotros ponemos el foco en un barrio.
Un microcosmos…
Sí, la idea era conducir al espectador hacia ese microcosmos, hacia este lugar. En este caso, añadimos la ficción a partir de la realidad, pero representa algo que está ahí y que podría estar, básicamente, en casi cualquier lugar. Lo peor es que esto se está convirtiendo en algo muy común. Tardamos diez años en financiar la película y, durante los años de Bolsonaro, pensábamos que no íbamos a conseguirlo porque estaban completamente en contra del arte y de todo lo relacionado con él. La semana que viene tenemos elecciones en Brasil y el hijo de Bolsonaro está luchando por la presidencia, porque su padre está detenido. Así que, de alguna manera, espero que la sociedad brasileña no vuelva a abrir las puertas al mal, como ella hace en la película.
M. A. O.