El director Isaki Lacuesta comenzó a trabajar en Jaleos, su especial acercamiento a la Historia del flamenco, hace ya ocho años: “Yo llego a esta película porque siento que estoy descubriendo cosas que no había conocido antes, y me doy cuenta de que mis compañeros de generación o mis padres tampoco conocen. ¿Cómo puede ser que la primera mujer que firma Edison sea flamenca y yo, que me dedico al cine, no lo sepa? ¿Y sabemos que cada vez que una colonia española desaparecía, lo que aparece es un palo nuevo en el flamenco? ¿Y cómo puede ser que, en plena Segunda Guerra Mundial, Leni Riefenstahl adaptara a Ángel Guimera y rodara un film con escenas de flamenco utilizando como extras a presos gitanos a los que luego asesinan? Y ya de paso: ¿Cómo puede ser que tengamos que pagar a los herederos de esa nazi por los derechos y esa película no sea patrimonio de la humanidad?”
Esta multiplicidad de posibilidades favorece que Lacuesta juguetee en su propuesta con una estructura polifónica y poliédrica que se ramifica permanentemente, encontrando sucesivamente nuevas conexiones históricas, políticas, sociales, artísticas o culturales. “En Jaleos está todo lo que más me gusta metido en una cajita. Es como un museo en miniatura para que la gente pueda ver ventanas y escoger cuáles quieres seguir”, explica el director catalán. La Historia del cine, el jazz, la cultura queer, el colonialismo español, el nazismo, la esclavitud, nuestra Guerra Civil y la Transición, también el tiempo presente, conviven sorprendentemente en ese museo abierto en torno al flamenco.
La participación en el proyecto del artista Pedro G. Romero ha sido clave para encontrar la estructura del documental. “Es como en ‘Las mil y una noches’, Pedro te empieza a contar historias y te va lanzando y conectando ideas aparentemente muy alejadas. Ésa es la forma de la película, igual que en una tertulia, que alguien contradice lo que ha dicho otro antes, otro más sale a fumar y vuelve al cabo de un rato… Mi película es así, porque todo lo que yo pensaba que sabía, luego llegaba Pedro y te decía que todo era más complejo o te contaba otra cosa más interesante”.
Algo que le resulta fascinante a Lacuesta es toda la serie de equívocos que hay en torno al flamenco, comenzando por que “se tiene la idea de que el flamenco es algo muy antiguo y muy nacional, pero resulta que el flamenco es muy moderno y está hecho en base al aluvión de un millón de cosas de distintas procedencias”. Y desarrolla: “Los equívocos son súper fructíferos, porque cualquier interpretación equivocada, y en torno al flamenco todas son equivocadas y proceden del teléfono roto, sirve para que la gente cree cosas nuevas”.
Un film así, que emplea tantísimo material de archivo procedente de fuentes diversas, se termina descubriendo en el montaje, tal y como reconoce su autor: “Hubo muchas sesiones de trabajo con Pedro, y luego con Luis Parés, que tiene un gran conocimiento de los materiales del archivo. A partir de ahí hicimos un guion con la estructura de la película. Luego me puse a grabar conversaciones, en las que a veces les pido a los participantes que me cuenten lo que pone en el guion, pero a veces se van por las ramas, que es lo que tiene esta película. Finalmente nos enfrentamos al trabajo de archivo, que es cuando descubres cuál es la película real, que la terminas por descubrir realmente en un larguísimo proceso de montaje”.
Esta Jaleos, presentada en la sección de Zabaltegi-Tabakalera, es el primer episodio de un díptico en el que sus autores siguen trabajando: “Esta primera parte acaba en realidad cuando se acaba el presupuesto. Es muy caro trabajar con material de archivo de este tipo. Tenemos ya la mitad de la segunda parte, y hay secuencias increíbles. Lo cierto es que, tal y como transmite la estructura del documental, el proyecto podría ser infinito. Yo sigo aprendiendo cosas nuevas”.
GONZALO GARCÍA CHASCO