El jueves 24 en la sala de Tabakalera se llevó a cabo la performance Cine vivo de Albertina Carri. Es la primera performance en la historia del Zinemaldia. En ella, se proyectan imágenes de película en descomposición, acompañadas por la música de Paloma Peñarrubia y los textos del libro homónimo, leídos en directo por la propia cineasta.
¿Qué pasa cuando el cine se expande, cuando sale de la sala?
Me interesa el cine expandido, que es un concepto que ha retomado Gene Youngblood, en su libro de 1970. Es la utopía de que el cine salga de las salas y se meta a los museos, que se exhiba de otras maneras. Es como una resistencia también por parte del cine. Ahora mismo vivimos un momento de la realidad del cine expandido, la mayor de sus realidades, porque una ya casi no mueve su cuerpo para ir a la sala. Éste entra a tu casa directamente; las pantallas están en todos lados. Si lo cuentas es como una ciencia ficción: te abstraes de lo real y del momento actual. Además de expandido, es cine vivo también, pues se suma el cuerpo, lo físico, lo orgánico, tanto en la banda sonora como en la lectura en voz alta. Somos dos personas en el escenario haciendo cine de otro modo, donde también se está pensando el cine mismo, porque los textos también van alrededor de eso.
Una parte del texto que lee trata acerca de cómo la producción de imágenes en la actualidad está causando la destrucción de nuestra especie. La performance es muy consecuente con imaginar otro modo de crearlas: se proyecta un rollo de película deteriorada, emplea su cuerpo y su voz, hay música en vivo.
Se trata de devolverle esa potencia al cuerpo. Cuando trasladaba el concepto original de cine expandido a la actualidad de las plataformas y decía que el cine se mete en todos lados, que podríamos discutir si eso es cine o no, me refería a que lo que sucede es que también se debilitan los cuerpos porque se pierde la práctica de lo colectivo. Juntarte en una sala es compartir con otros una experiencia. En esa debilidad corporal, me parece que hay algo bastante grave en términos políticos y sociales y de alguna manera esto es volver a potenciar el cuerpo: lo físico, lo háptico, lo material y la posibilidad de juntarnos. Es algo vivo realmente, porque pasa a ser parte de las artes vivas y en ese sentido, bueno, si no estuviste aquí no lo viste.
Esta es la primera performance en la historia del Festival de San Sebastián...
Para mí es importante poner en escena estas discusiones. Mi cine siempre fue una llamada a la reflexión. Antes, la gente se movilizaba para ir a los lugares a ver el cine que te hacía reflexionar, que te interpelaba, que te dejaba llena de incertezas y de dudas. Ahora, los cuerpos y las subjetividades han perdido disponibilidad. Es por esto que tenemos la mala costumbre de que las cosas estén resueltas, que te digan qué tienes que hacer y cómo. Para mí, el cine de las plataformas es un cine que da órdenes, que te dice qué tienes que sentir, pensar, en qué momento y cómo. Está formateado, hegemónico con respecto a lo social y ahí hay una pérdida humana grande. Este tipo de actividades y experiencias son despertares para que volvamos a discutir cine, para discutir, qué es y qué no, cómo lo hacemos. La realidad, como decía Pasolini, es la materia prima del cine. Hay un cine que no se hace cargo de la realidad y juega a estar hablando de ella, pero lo que hace es universalizar un tipo de sujeto muy minoritario, que no se parece en nada a lo real de nuestros territorios.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ