Possible love comienza con una cita del décimo mandamiento de la ley de Dios: “No codiciarás los bienes ajenos”. Y es que el nuevo largometraje del surcoreano Lee Chang-dong se enmarca en una serie de proyectos inspirados libremente en los diferentes capítulos de la miniserie polaca El decálogo, de Krzysztof Kieślowski, que dio su pistoletazo de salida en el pasado festival de Cannes con Historias paralelas de Asghar Farhadi, que tomó como punto de partida el sexto episodio. Fue Venecia el escenario escogido por Netflix para lanzar un film que acabó siendo galardonado con el Gran Premio del Jurado, días después de ser seleccionada por Corea del Sur para representar a su país en los Oscars de 2027.
Pero, ¿quién codicia a quién en Possible love? Por un lado están la trabajadora textil Mi-ok y su marido Ho-seok, quien, ante los despidos masivos de la fábrica Siderúrgica SP, protagonizó una esperanzadora huelga obrera que terminó con una brutal represión policial. Por el otro, Sang-woo, un multimillonario empresario con visos de Steve Jobs, y su mujer, Mi-ok, una documentalista que desciende a los entornos de las clases bajas para realizar una película sobre las consecuencias en el proletariado de la “reestructuración empresarial” contemporánea, es decir, sin disfraces, del inhumano capitalismo salvaje. Los cuatro chocan por primera vez en un solemne funeral “mancillado”, según Ho-seok, por la obsesiva tendencia de Mi-ok a filmar hasta los momentos de más íntimo derrumbe. Poco a poco, sin embargo, entre ambas parejas se irá trabando una relación que, pronto, Mi-ok calificará, orgullosa, como de amistad.
Pero, ¿es posible amar a quién no cesa de recordarte tu opresión estructural o te engaña y alinea con asimétricas admiraciones? ¿Es posible definir como afectuoso el interés de quien hace negocio de tu vivencia? ¿Es posible superar la superioridad de la compasión, esa fugaz empatía de quien se sabe mejor? ¿Es posible filmar una realidad ajena sin protagonizar el más vampírico extractivismo? ¿Es posible mirar abajo sin realizar una espectacularizante pornografía de la miseria? ¿Es posible que tu voz no sea neutralizada en su captación y que tu testimonio no sea despolitizado en su psicologización terapéutico-artística? ¿Es posible ser capaz de hablar de aquel dolor traumático que no te deja respirar? ¿Es posible dejar que las palabras dejen de ocultar? ¿Es posible que las máscaras de los poderosos se caigan sin que su peso nos desplome en el abismo?
Possible love aborda estas cuestiones con sutil complejidad, con lúcida capacidad analítica y sin maniqueísmos, filmando, bajo temblorosa cámara en mano, a su acompasada troupe de actores en pausadas secuencias, en las que las intenciones tardan en desvelarse, en las que las palabras tardan en transparentar lo que significan. Lo mismo puede decirse del film en general. Haciendo suyo el principio del “arma de Chéjov” hasta sus últimas consecuencias, Lee Chang-dong construye un clímax cocinado a fuego lento, donde cada mínimo dato previamente lanzado recibe una sorprendente réplica reveladora y de enorme fuerza poética.
De la emulación fotoperiodística en los vídeos de la protesta sindical, al feísmo de la algo inmadura y caprichosa puesta en escena y vocación verista de Mi-ok, pasando por la belleza instantánea de un gesto o un fondo en la composición ficcional (extradiegética), Possible love cuenta con mínimas pero muy ricas variaciones en su estilo formal. Lee Changdong explicita, con estos recursos, la exploración del privilegio y la precariedad que ya estaba en su último trabajo, Burning. Ocho años después nos regala, probablemente, su título más político.
MANUEL HEVIA