Tobias Nölle (Zúrich, 1976) obtuvo con su cortometraje René (2007) el Pardino de Oro en Locarno. Desde entonces ha estrenado sus trabajos en los festivales más prestigiosos del mundo. Visita San Sebastián con Tristan Forever, codirigida con Loran Bonnardot (París, 1973), médico de profesión, quien ya había producido un cortometraje sobre Tristan da Cunha, la isla habitada más remota del mundo, poblada desde el siglo XIX por anglosajones.
¿Cómo entró en contacto con Bonnardot?
A través de mi coproductor francés, que lo conocía personalmente. Me preguntó si me interesaría hacer una película sobre él y sobre la isla de Tristan. Loran quiso que le acompañara cuando viajara de nuevo ahí.
Entonces no fue una idea original suya… ¿Qué le atrajo de aquel lugar?
La posibilidad de que fuera el último lugar utópico de la Tierra. Me preguntaba por qué sus habitantes quieren vivir tan aislados de nosotros. Quizá hayan conservado algo que nosotros hemos perdido. Y también me interesaba la pregunta de por qué alguien de nuestro mundo quiere ir tan lejos para pertenecer a un lugar, como es el caso de Loran. En tiempos de crisis y guerra, yo también buscaba una isla de esperanza.
¿Cómo decidió que iba a mostrar la naturaleza de la isla?
Quería crear una sensación onírica. Que el espectador se preguntara si ese lugar existe realmente o si es una proyección. No quería limitarme a hacer un documental que mostrara la isla, sino acercarme a un cuento de hadas sin dejar de partir de la realidad.
¿Qué papel desempeña el material de archivo sobre la historia de la isla?
La voz que oímos a lo largo del film pertenece a una chica que fue evacuada a Inglaterra en los años sesenta por la erupción del volcán. Su tono es muy especial y ayudaba a que esa parte más documental se volviese como de ensueño, también.
¿Y el pingüino?
Vivía con Loran, en su casa.
¿Es algo habitual?
Tendrás que ir a Tristan para descubrirlo.
[…]
No quiero explicarlo todo. Pero Loran busca el aislamiento en la película y quizá el pingüino es su alter ego. Él es un poco como un pingüino, de hecho. Para mí forma parte de la narración utópica de la película. Ese pingüino era un actor muy bueno y decidí incluirlo.
¿Qué relación tienen con el cine, ahí?
Les encantan las historias, pero no tienen tiempo. No les interesa pasar tiempo frente a una pantalla. Tienen televisor también, pero ni caso. Prefieren beber y hablar.
MARC BARCELÓ