Éric Toledano y Olivier Nakache son viejos conocidos del Zinemaldia desde que en 2011 clausuraran, fuera de concurso, la Sección Oficial con Intocable, arranque de lo que sería todo un éxito internacional. Han vuelto con títulos como C’est la vie (2017), ya a concurso por la Concha de Oro, y Especiales (2019) en Perlak, ganando el Premio del Público.Este año se encargan de clausurar esa sección con su último trabajo, Tiempos de ilusión, que se proyecta esta tarde en una sesión especial en la gran pantalla del Velódromo.
En esta ocasión, los directores franceses acuden a una clásica historia coming of age ambientada en los años ochenta, en ese momento clave para un chaval de origen judío como el que significa la ceremonia del bar mitzvá al cumplir los trece años, cuando tantas dudas te asaltan sobre tu vida, sobre el amor, sobre el sexo, sobre la religión, sobre la familia... “Es un momento determinante en la vida”, explica Toledano, “una especie de metamorfosis, el paso de gusano a mariposa que va a condicionar el resto de tu existencia”.
El film tiene un fuerte componente autobiográfico, algo curioso cuando se trata de una autoría compartida entre dos personas. “La película es autobiográfica, pero ese chico no existió, es la combinación de dos identidades diferentes que conforman una sola. Es extraño, porque Oliver y yo a lo largo de los años hemos hablado mucho de lo que hemos vivido juntos, de nuestras de vacaciones, de nuestras casas, de nuestros matrimonios, de todos los trabajos que pudimos hacer, pero es que aquí hablamos de la única época que no vivimos juntos. Y hemos creado un personaje que es mezcla de las dos infancias, con anécdotas de sus padres, de mí, de mi hermano… Se trataba de mezclar nuestros dos puntos de vista en un momento en el que no estábamos juntos. Fue bastante original y nos emocionó”, aclaraba Toledano.
Y continúa: “Cada uno hablaba entre sí de sus propias experiencias y escogimos las más representativas, las más cinematográficas. Pero lo curioso es ese contraste entre los dos momentos vitales: nuestros recuerdos de adolescentes mirando atrás desde los 50 años que tenemos, y el retrato de un adolescente que no tiene mirada hacia atrás, sólo hacia adelante”.
Ambientada en la década de los ochenta y basada en sus propias vidas, el film podría verse como un ejercicio idealizado de nostalgia, pero Toledano lo niega. “Todos somos un poco nostálgicos con nuestra infancia, pero en este caso creo que no tanto. No ocultamos todos los problemas de aquella época: el desempleo, el racismo, los problemas en la gran ciudad, el SIDA… Alguien dijo que la comedia es la tristeza disfrazada, y es muy acertado. No recreamos un mundo Disney y no recurrimos al tópico de que entonces todo era mejor y ahora es una mierda. Dicho lo cual, me gustan los ochenta”.
Y es que esta obra de marcado carácter personal tampoco oculta un trasfondo social en relación a la multiculturalidad de la sociedad francesa y cómo están cambiando las cosas en el momento presente. “Antes se aceptaba la diversidad de orígenes. En esta película, la madre del protagonista le dice: “judío, árabe, francés… Tú eres todo”. Ahora eso no es posible. Te asignan una identidad cerrada. El multiculturalismo francés sufre un fuerte golpe hoy en día en Francia porque cada uno reivindica su identidad contra la del otro. Pero una sociedad se construye en la mezcla. En realidad, todas nuestras películas tratan sobre cómo vivir juntos”.
GONZALO GARCÍA CHASCO