El lema de Creast es “que tu legado deje huella en las personas, no en el planeta”. Trabajan para eventos diversos, televisión, publicidad, hoteles y cine, y en este último ámbito, el cinematográfico, ha establecido una estrecha colaboración con el SSIFF que empezó hace cinco años. La sostenibilidad y el impacto de la huella de carbono son los ejes de su trabajo. El cálculo, la predicción, la reducción, la generación de informes. “Convertir la sostenibilidad en experiencia, reputación y ventaja competitiva”.
Conversamos con Eduardo Viéitez, CEO de Creast, sobre algunas de sus actividades y el trabajo en el Festival de San Sebastián.
¿Podría explicarnos las líneas maestras de Creast, los trabajos y colaboraciones que realizan?
Desarrollamos nuestra propia IA para evaluar todos los datos e informaciones y trabajamos con muchos exhibidores, distribuidores, productores, distintos eventos culturales. En estos años hemos participado en unos veinte mil proyectos. Nuestra filosofía es la transversalidad al cubrir todo el ciclo de vida de una película. Piensa que lo que es la producción de un film, su preparación y rodaje, no supera el 20% del impacto ambiental. Lo que viene después es muy importante, la difusión, la asistencia a festivales, la exhibición, las plataformas. La tecnología nos permite tomar decisiones en base a datos científicos que reduzcan la huella de carbono. Nuestra filosofía es también que hay que anticiparse.
¿Cuál es el grado de colaboración con el Festival de San Sebastián?
El grado de colaboración con el Festival es total. Llevamos cinco años juntos, nos consideramos una parte del equipo y estamos al corriente de todas las decisiones con Amaia Serrulla para traducirlas luego a datos de impacto.
El proyecto conjunto, con la medición de la huella de carbono entre otros elementos, está en una fase estable, pero ¿cuáles son las metas que aún no se han conseguido?
Creo que estamos consiguiendo todos los objetivos iniciales, pero el reto mayor al que seguimos enfrentándonos en un festival es el impacto de la asistencia del público, los invitados, acreditados. Esta es la meta que debemos lograr. Entre el transporte y el alojamiento estamos en el 90% del impacto ambiental, a lo que debemos sumar el consumo de agua, los residuos. Por supuesto es muy importante que las personas que asistan al Festival se comporten, porque el Festival no tiene capacidad de decidir en este aspecto. Estamos en un proceso largo que incluye una labor de educación. Hay toda una serie de temas que tienen una incidencia indirecta.
El Festival, como otros eventos culturales, sigue intentando ser más sostenible. ¿Cuándo creen que podrá conseguirse una sostenibilidad acorde con el plan trazado?
Estamos en los parámetros que establecimos al comienzo de este proceso. Hemos reducido de forma considerable el impacto ambiental. La tecnología nos ha ofrecido soluciones y, por otra parte, la gente que trabaja en el Festival está bien educada. El gran reto es el impacto de los asistentes. El desarrollo de nuestro software nos permitirá reducir la carbonización e ir tomando las decisiones pertinentes.
¿En qué ha consistido el trabajo con el Festival durante este último año?
Empezamos valorando edición tras edición, los retos, las barreras, los obstáculos, todos los patrones que nos ayudan a evaluar el impacto. Al comenzar el Festival recopilamos toda la información posible para analizar la eficiencia de las decisiones que hemos tomado. Documentamos gráficamente todo lo que está ocurriendo y elaboramos un informe que publicamos a finales de año. Y seguimos insistiendo en el plan trazado para tomar las decisiones que nos permitan una higiene logística.
QUIM CASAS