Para Tamar Novas, formar parte del jurado de New Directors del Festival de San Sebastián es mucho más que una nueva experiencia profesional: es una forma de devolver algo a un festival que siente como propio desde niño. Su vínculo con el Zinemaldia comenzó cuando tenía once años y vio por televisión la presentación de La lengua de las mariposas, en la que actuaba. Desde entonces, ha regresado con diferentes películas y en distintas secciones. Por eso, cuando recibió la invitación para formar parte del jurado, su respuesta fue inmediata: “Es un honor absoluto”.
Reconoce además una especial conexión con New Directors, una sección en la que ha descubierto a numerosos cineastas. En los últimos años ha trabajado con directoras y directores en sus óperas primas, experiencias que, asegura, le mantienen “entusiasmado como el primer día”. Cada nuevo cineasta supone para él una manera distinta de entrenarse y ampliar su mirada como actor.
¿Qué busca en una primera película? Sobre todo, una voz propia, una mirada nueva y la capacidad de abrir un espacio para la imaginación. También un impacto emocional y un reto creativo. “Cuanto más reto me suponga, cuanto más vértigo creativo me dé, es lo que más me interesa”, explica. Ese vértigo lo identifica especialmente en las óperas primas: directores que afrontan por primera vez un salto creativo enorme.
Como jurado, esa mirada se transforma. Novas habla de la responsabilidad de participar en un festival de primer nivel, consciente de que sus premios pueden ayudar a poner el foco sobre determinadas películas. Al mismo tiempo, reivindica el diálogo entre los miembros del jurado. Una película puede entusiasmarle especialmente y, sin embargo, otra puede tener elementos que pesen más a la hora de señalarla. Para él, los premios cinematográficos son necesariamente complejos: “sobre todo en el arte no es quien queda primero o segundo”.
Su criterio como espectador parte de una experiencia íntima: el cine debe abrirle un mundo y despertar su imaginación. No basta con que una historia esté bien contada; necesita sentir que le afecta y que le permite participar de ella. Esa capacidad de imaginar es, en su opinión, una de las mayores libertades humanas. Y la sala de cine conserva para él algo casi mágico: la posibilidad de recuperar “ese niño cuando descubrí la pantalla del cine”.
Esa búsqueda de emoción explica también algunas de sus elecciones como actor. En Rondallas se empeñó en interpretar a Joel porque encontró en el personaje una ternura y un entusiasmo con los que podía conectar. La libertad que le ofreció Daniel Sánchez Arévalo le permitió explorar el personaje más allá del guion. La película, además, le brindó la oportunidad de mostrar una faceta cómica que el público quizá no asociaba tanto con él. “Ha sido un regalo enorme”, reconoce.
Tras varios días de películas y conversaciones, Novas destaca la capacidad del cine para conectar realidades aparentemente lejanas. En New Directors conviven voces procedentes de lugares y contextos muy distintos, pero las historias pueden revelar emociones compartidas. Para él, ahí reside parte de la fuerza del Festival: reunir miradas diferentes y descubrir cuánto tenemos en común.
En cuanto a sus compañeros de jurado dice que están “caminando juntos muy bien”. Mientras continúa descubriendo las películas de esta edición, Novas celebra también la dimensión cultural de San Sebastián y su estrecha relación con el cine: una ciudad, dice, construida alrededor de la cultura, en un Festival que destaca como especialmente significativo por el último año de Rebordinos en su actual etapa.
ANDREA DE TORO GARCÍA