Werner Herzog llega al Zinemaldia con Bucking Fastards, protagonizada por Kate y Rooney Mara, una película que vuelve a poner en juego algunasde las constantes de un director acostumbrado a mirar hacia personajes situados en los márgenes, esos que pueblan desde Aguirre, la cólera de Dios hasta Grizzly Man. La experiencia y el oficio siguen ahí. La cuestión es qué hace Herzog esta vez con ellos.
A sus 83 años, el director conserva muchas de las virtudes que cabría esperar: manejo notable de la cámara, facilidad para encontrar el ritmo de cada escena y una forma de acercarse a los actores que solo da la experiencia. Todo ello aderezado por la mirada de alguien que ha dedicado una vida entera a observar el mundo con una curiosidad poco común.
Kate y Rooney Mara ofrecen dos interpretaciones muy logradas, sincronizadas sin llegar nunca a confundirse. Hay un trabajo conjunto para construir a estas hermanas, pero también matices suficientes para diferenciarlas. Su esfuerzo actoral eleva una película que no siempre profundiza en sus personajes con la misma generosidad. Secundarios como Orlando Bloom o Domhnall Gleeson defienden con solvencia unos papeles pensados sobre todo como mecanismo de reacción para las hermanas.
Presentadas las protagonistas en un tramo inicial que atrapa sin esfuerzo, el acercamiento a ellas se va tornando más distante. En algunos momentos, incluso condescendiente. Pero es tan entretenido observar cómo las Mara se solapan y dialogan entre sí que la película parece conformarse con ese hallazgo formal, sin preguntarse qué hay detrás de sus personajes. Puede sorprender viniendo de un director capaz de mostrar tanta empatía hacia sus criaturas más excéntricas en Stroszek o El enigma de Kaspar Hauser. Sin embargo, las Mara y Herzog nos adentran primero por un túnel, después por una cueva donde seguramente se han quedado olvidados algunos sueños, culminando en un final brillante que confirma que Herzog sigue siendo capaz de sorprender.
Técnicamente, Bucking Fastards tiene recursos más que suficientes para defenderse. La fotografía y el montaje ofrecen momentos que justifican su visionado en pantalla grande y recuerdan la capacidad de Herzog para construir imágenes memorables. A estas alturas de su carrera, y con dos actrices capaces de ofrecer tanto, resulta especialmente interesante comprobar hasta dónde puede llegar esa mirada fascinada hacia sus personajes.
IMMACULADA PILAR COLOM