"Z365" o "Festival todo el año" es la nueva apuesta estratégica del Festival en la que confluyen la búsqueda, el acompañamiento y el desarrollo de nuevos talentos (Ikusmira Berriak, Nest); la formación y la transmisión de conocimientos de cine (Elías Querejeta Zine Eskola, Zinemaldia + Plus, Diálogos de cineastas); y la investigación, la divulgación y el pensamiento cinematográfico (el proyecto Z70, Pensamiento y debate, Investigación y publicaciones).
Cuando en 1999 Werner Herzog recibió como regalo de cumpleaños el disco “Colla Voche”, que Ernst Reijseger había grabado con el coro sardo Tenore e Cuncordu de Orosei, quedó tan maravillado por la innovadora mezcla entre vanguardia y tradición que en seguida contactó con el violonchelista neerlandés para proponerle incluirlo como banda sonora en su siguiente proyecto. El músico aceptó pero con condición de que grabaran algo totalmente nuevo. Así, con la música de The White Diamond (2004) se iniciaba una larga colaboración en la que Reijseger (con colaboradores habituales como Harmen Fraanje y Mola Sylla, además del coro citado) ha puesto música a trece de los últimos filmes de Herzog, incluido el más reciente Bucking Fastard (2026). El director alemán ya había trabajado en los 70 y 80 con el grupo Popol Vuh, y si en aquella época la simbiosis con las piezas etéreas de Florian Fricke era única, las bandas sonoras de Reijseger hacen que las películas de Herzog vuelen aún más alto, y sobre todo, más libres. No importa que las imágenes musicadas sean de documentales –por ejemplo Theater of Thought (2022)– o de ficciones –Salt and Fire (2016)–, cosa que en el cineasta importa poco, ya que de ellas emana una verdad emocional, casi trascendente.
La forma inusual de trabajar con Reijseger se presenta como una búsqueda de lo esencial a través de sonidos, melódicos y armónicos muchas veces, pero que al mismo tiempo pueden reconstruir los gruñidos o lamentos de un animal, hasta transformarse en voz de sensuales paisajes. Uno siente que las notas se adhieren a la imagen, como en las pinturas rupestres de la maravillosa La cueva de los sueños olvidados (2010), utilizando un coro de cámara y un órgano de iglesia para evocar el viaje fantástico a nuestro pasado ancestral. La música se convierte incluso en elemento indisoluble de esos personajes tan queridos en el cine de Herzog: los nómadas, exploradores y buscadores de lo imposible y desconocido. Lo apreciamos en The White Diamond, pero también en Nomad: In the Footsteps of Bruce Chatwin (2019), Fireball: Visitors from Darker Worlds (2020) o Ghost Elephants (2025). A su modo, Reijseger forma parte de ese grupo.
ZIGOR ETXEBESTE GÓMEZ



