TAMBIÉN LOS ENANOS EMPEZARON PEQUEÑOS (1970)
La revuelta en una institución para enanos le sirvió a Herzog de premisa para una reivindicación de la diferencia. Era una de sus primeras películas, y en ella ya estaban algunas notas que sonarían a lo largo de su obra: el retrato sin concesiones de la locura, en un entorno paisajístico sumamente fascinante, el de la isla de Lanzarote. Cercana al universo de La parada de los monstruos de Tod Browning, Los enanos también empezaron pequeños acaba en un torbellino de acciones arrolladoras.
FATA MORGANA (1971)
Herzog cubrió Fata Morgana, su segundo largometraje encuadrado en el documental, de la pálida arena del desierto del Sáhara, y la dejó desprovista de cualquier relato para que todo fuera experimentación, paisaje y fascinación. Sí, Fata Morgana es un documental –sobre ese lugar de arena fina, fuego, chatarra abandonada, animales moribundos, sed–, pero parece sobre todo una película de ciencia ficción que abre la puerta a filmar la Tierra con la misma perplejidad con la que se filma lo desconocido.
AGUIRRE, LA CÓLERA DE DIOS (1972)
Cuesta elegir una sola película de Herzog, y, sin embargo, cabe poca duda de que si Aguirre no es la mejor, sí que es la que le define con mayor precisión. El colérico Aguirre (Klaus Kinski), empeñado en conquistar el quimérico Dorado, sirve a Herzog para perseverar en la figura del loco y del megalómano, y para crear un film de aventuras poético, de paisaje abrupto, personaje irracional y presupuesto irrisorio, cuya filmación tenía tanto riesgo como la empresa que quería acometer el protagonista.
EL ENIGMA DE KASPAR HAUSER (1974)
Pese a que el cine de Herzog está intrínsecamente ligado a la figura de Klaus Kinski, hubo un tiempo en que esa condición de actor fetiche la compartió con Bruno S., intérprete no profesional que encarnó al hombre mudo de El enigma de Kaspar Hauser y protagonizó después Stroszek, en 1977. Como El pequeño salvaje de François Truffaut, El enigma de Kaspar Hauser versa en torno a un niño salvaje, figura marginal atravesada por la imposibilidad de comunicar y por tanto de encajar socialmente.
NOSFERATU, VAMPIRO DE LA NOCHE (1979)
Amante de convertir el escenario salvaje en protagonista, Herzog realizó su adaptación de Nosferatu, una de las pocas obras del expresionismo que se rodó en escenarios reales. El film de Murnau era muy querido por Lotte Eisner, mentora de Herzog y principal lazo del cineasta con la historia de una Alemania rota por el nazismo, la guerra y el muro. El blanco y negro contrastado de Murnau se transforma aquí en color, pero de tonos pálidos, como el rostro blanquinoso de un Kinski de presencia monstruosa.
FITZCARRALDO (1982)
En pleno Amazonas, un hombre se empeña en conseguir lo imposible: hacer trepar un barco a una montaña para construir una Ópera en el corazón mismo de la selva con el fin de ver cantar a Enrico Caruso. Su objetivo cobra el carácter de una obsesión. A su vez, Herzog perseguía realizar la producción de mayor envergadura de su carrera. Para ello, precisaba conseguir exactamente la misma proeza: subir el dichoso barco. La megalomanía del protagonista puede ser vista como la del propio cineasta.
MI ENEMIGO ÍNTIMO (1999)
A los trece años, un niño alemán reside con su madre y su hermano en una pensión. Allí conoce a un joven que afirma ser actor y muestra un carácter incendiario. Aquel niño era Herzog y el joven, Klaus Kinski. El encuentro fue narrado por el director al inicio de este documental con pretensiones de exorcizar los fantasmas de su relación con su actor fetiche, pasional y violenta. El arrebato es tal que por momentos llegan a querer matarse el uno al otro. El film alcanza así momentos propios de la ficción.
GRIZZLY MAN (2005)
Aunque en los años previos a Grizzly Man Herzog no dejó de dirigir, el estreno de este documental sobre Timothy Treadwell –un ecologista que convivió con osos pardos como si fueran pe- luches– sirvió para recordarnos que era (y es) una de las voces más singulares del cine contemporáneo. Herzog usó imágenes de archivo de Treadwell, las acompañó de entrevistas cargadas de ironía y puso su voz para la narración en off. El resultado es un film sumamente cómico sobre los límites entre el hombre y la naturaleza.
THE WILD BLUE YONDER (2005)
Desde Fata Morgana hasta Fireball: visitantes de mundos oscuros, el paisaje ha sido elaborado por Herzog como si fuesen parajes inexplorados, propios de lo fantástico. The Wild Blue Yonder toma prestado el título de un film de Allan Dwan para reconstruir el espacio exterior utilizando imágenes de archivo del fondo marino de la Antártida y la narración de un extraterrestre interpretado por Brad Dourif. Herzog le dijo a Wenders una vez que quería filmar en Marte; la respuesta a este deseo fue este filme.
LO AND BEHOLD: REVERIES OF THE CONNECTED WORLD (2016)
Herzog plantea un discurso profundamente humanista sobre la que seguramente es la revolución más grande de los últimos tiempos: internet. El cineasta se empeña en poner en escena fórmulas y servidores, la parte más física de internet; en dialogar de tú a tú con pioneros; y en comprender la contradicción entre la naturaleza subversiva de la red y sus peligros contemporáneos. El documental Lo and Behold desvela, en cierta manera, una utopía: la posibilidad de que internet pudiese ser otra cosa.
Por Violeta Kovacsics