Tenemos, o hemos tenido, directores que pintan (Kurosawa, Greenaway) y pintores que ruedan (Dalí, Fernand Léger). Novelistas que dirigen filmes (Paul Auster). Músicos que hacen películas (Bob Dylan, Neil Young, David Byrne) y cineastas que hacen música (Carpenter, Jarmusch). Fotógrafos que se pasan al cine (Man Ray, Anton Corbijn) y realizadores que hacen fotografías (Zulueta, Wenders). Dibujantes de cómics (Joann Sfar) y cantantes (Serge Gainsbourgh) que también filman. Hasta diseñadores de moda y cineastas (Tom Ford). Y estaba David Lynch, que lo hacía todo. Herzog también escapa a las normas. No
es de extrañar que tenga un film producido por Lynch, My Son, My Son, What Have Ye Done. Sus libros son como películas, relatos de aventuras, diarios y ensayos, todo al mismo tiempo.
“Conquista de lo inútil” pasa por ser un diario del rodaje de Fitzcarraldo, pero para Herzog era otra cosa: “Estos textos no son un informe de rodaje –éste apenas se menciona– y son un diario solo en el sentido más amplio. Se trata de otra cosa: más bien paisajes interiores, nacidos del delirio de la selva. Pero tampoco de eso estoy seguro”. Herzog tardó más de dos décadas en darle forma porque, entre otras cosas, le costaba leer su propia y microscópica letra. El libro es el complemento perfecto del film, que a su vez es un documento de sí mismo: “El agua inunda el campamento. Ha llovido tan fuerte en la madrugada que todo ha quedado inmóvil, como congelado. Solo el agua fluye en pequeños caudales hacia el río, cada vez más potente, marrón y enojado. La cortina de lluvia oculta la curva del río casi por completo. La selva se nubla, aguardando el estallido de las nubes con rigidez mortuoria. La mañana transcurrirá como si nada. Sentados, contemplamos el agua que se niega a subir”, escribió en una entrada de mayo de 1981.
Quizá sea su mejor texto, aunque el más reconocido es “Del caminar sobre hielo”, otro diario, este sí más reconocible, “mi diario de marcha”, en el que cuenta sus sensaciones durante el viaje que hizo a pie de Munich a París, del 23 de noviembre al 14 de diciembre de 1974, para ver con vida a Lotte Eisner. Sus memorias, “Cada uno por su lado y Dios contra todos”, son muy reveladoras de cómo comenzó a pensar el cine: “Era consciente de que, debido a mi ignorancia casi absoluta, tenía que inventar el cine a mi manera”. Muy sugerentes son “El crepúsculo del mundo” –una novela sobre Hiro Onda, el soldado japonés que permaneció en una isla filipina hasta 1974 creyendo que la segunda guerra mundial no había acabado, convertido por Herzog en trasunto de sus Lope de Aguirre, Fitzcarraldo, Cobra Verde, Dieter Dengler, Dieter Plage o Timothy ‘grizzly man’ Treadwell– y el reciente, y aún no traducido al castellano, “The Future Of Truth”, una colección de ensayos sobre fake news, posverdad y verdad extática en los que deja clara la premisa fundamental de su obra: “A lo largo de toda mi vida, mi trabajo ha girado en torno a la cuestión fundamental de la verdad”.
QUIM CASAS