El aterrizaje de Naza en la sección Perlak llega con polémica. El documental de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, ganador del Premio Especial del Jurado en Venecia, narra la matanza continuada de civiles palestinos a manos de las fuerzas israelíes durante la masacre en Gaza, y lo hace a través de testimonios anónimos de soldados israelíes. No ha gustado demasiado esto a Netanyahu y los ultras sionistas, que han emprendido una campaña de criminalización y acoso contra los cineastas.
En esta edición, posicionamientos comprometidos los encontramos, desde la heterogeneidad de propuestas formales y temáticas, en la mayor parte del catálogo que nutre la sección Perlak (la que recoge algunas de las películas más destacadas de la temporada festivalera). Quizás porque en estos tiempos belicosos, de polarización e incremento de discursos de odio, se hace especialmente necesaria esa sensibilidad humanista. El cine lo sabe.
Contra la guerra entre Rusia y Ucrania no deja de alzar su voz el prestigioso realizador ruso Andrey Zvyagintsev, que inaugura Perlak este año con su film Minotaur (Minotauro), ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, y que en la disección de una pareja en crisis con crimen pasional de por medio no elude un trasfondo político asfixiante.
Leer la realidad política presente a través de la recuperación de episodios históricos pasados es un recurso habitual: Paweł Pawlikowski vuelve a indagar con exquisitez formal en el estado de ánimo de una Europa herida tras la II Guerra Mundial en Fatherland, mientras que hasta la I Guerra Mundial se desplaza el belga Lukas Dhont con Coward para contarnos la historia de amor entre dos soldados. Los Javis nos remiten en La bola negra a nuestra Guerra Civil y a la obra de García Lorca para hablarnos sobre la herencia recibida, mientras que el golpe de estado de 1973 en Chile es el punto de partida de Wild Horse Nine, comedia negra marca de la casa Martin McDonagh. En el contexto de los años 80, con los estragos que provocó el VIH en aquel tiempo, nos ubica Ira Sachs esa historia de amor, deseo y enfer- medad que es The Man I Love.
En contraste, directamente ligadas al tiempo presente están Fjord, del rumano Christian Mungiu, potente alerta de los peligros de la polarización y la creciente xenofobia; o la turbadora Josephine, de Beth de Araújo, denuncia feroz de la cultura de la violación.
Con especial atención al individuo, pero respirando una profunda humanidad en su mirada a los personajes, nos encontraremos también con otras joyas como Soudain / All of a Sudden (De repente) del japonés Ryusuke Hamaguchi, una sutil y emocionante reflexión sobre la vejez, el cáncer, los cuidados y la necesidad de conectar con los demás. Dos películas de animación nos acercan a etapas vitales diametralmente opuestas: el alzhéimer es abordado en Tangles, de la canadiense Leah Nelson, mientras que el film francés Le corset / Iron Boy (Iron Boy) de Louis Clichy atiende a la infancia. Por su parte, el italiano Nanni Moretti habla de segundas oportunidades en Succederà questa notte / It Will Happen Tonight (Sucederá esta noche) y Olivia Wilde trata de las relaciones de pareja en The Invite (La invitación), nueva adaptación de la obra de teatro del español Cesc Gay que dio lugar a su film Sentimental (2020).
La norteamericana Club Kid de Jordan Firstman, o cómo una vida se transforma por la paternidad por sorpresa, y la clausura con Juste une illusion / Just an Illusion (Tiempos de ilusión) de Eric Toledano y Olivier Nakache, con un adolescente protagonista inmerso en un mar de dudas, completan la sección. Pero aún queda espacio para la pura diversión que nos ofrece esa apabullante muestra de cine fantástico, acción y violencia que es la coreana Hope de Na Hong-jin. Porque el cine es compromiso y denuncia. Pero también un reconfortante espacio de evasión.
GONZALO GARCÍA CHASCO