"Z365" o "Festival todo el año" es la nueva apuesta estratégica del Festival en la que confluyen la búsqueda, el acompañamiento y el desarrollo de nuevos talentos (Ikusmira Berriak, Nest); la formación y la transmisión de conocimientos de cine (Elías Querejeta Zine Eskola, Zinemaldia + Plus, Diálogos de cineastas); y la investigación, la divulgación y el pensamiento cinematográfico (el proyecto Z70, Pensamiento y debate, Investigación y publicaciones).
Bajo el epígrafe “Echar a Echarri”, juego sonoro de palabras que Enrique Vila-Matas tomó prestado de su amigo Michi Panero, el entonces periodista de 28 años, testigo de una de las ediciones más convulsas del Festival de San Sebastián, agitó su pluma para denunciar las estructuras antidemocráticas por las que venía rigiéndose el mayor certamen cinematográfico del Estado, teledirigido desde instancias franquistas hacía ya 24 años. Muerto el dictador, 1976 continuó bajo el mismo clima de violencia y represión, que en Euskal Herria dejó varias víctimas policiales, muchas de ellas provenientes de ámbitos obreros y asamblearios, entre las que figuraba el irunés Josu Zabala Erasun, asesinado durante el transcurso de una manifestación por la Guardia Civil en vísperas del Festival de San Sebastián. Dirigido con mano de hierro por Miguel de Echarri, el certamen desoyó las multitudinarias peticiones de suspensión, que en lugar de solidarizarse con el dolor que arrastraba el pueblo, continuó con su inauguración, recibiendo con glamur a las estrellas sobre el rojo de su alfombra. El gesto de valentía que desestabilizó al certamen recayó en una película, hoy imprescindible para entender los años del cambio, que, con toda la maquinaria en contra, se retiró de la Sección Oficial con el Festival ya en marcha. Con esta carta, el productor Elías Querejeta comunicaba a la dirección del certamen que El desencanto (Jaime Chávarri) no se proyectaría bajo ningún concepto, estela que otras producciones españolas a competición trataron de seguir sin éxito. La inminente democratización del certamen no puede entenderse sin las voces que se alzaron alrededor de este episodio: cineastas, periodistas, asociaciones de vecinos, de artistas y de cineclubs. Hoy, en un gesto de reparación, este mismo Festival acoge, con todos los honores, la película que no pudo verse hace 50 años, y la exposición “Una actitud de defección. El gesto que cambió el rumbo del Festival de San Sebastián (1976)”, generada por Artxiboa con materiales originales de sus fondos, revisa de manera crítica el cierre de una etapa signada por tensiones y rupturas.
IRATI CRESPO



