"Z365" o "Festival todo el año" es la nueva apuesta estratégica del Festival en la que confluyen la búsqueda, el acompañamiento y el desarrollo de nuevos talentos (Ikusmira Berriak, Nest); la formación y la transmisión de conocimientos de cine (Elías Querejeta Zine Eskola, Zinemaldia + Plus, Diálogos de cineastas); y la investigación, la divulgación y el pensamiento cinematográfico (el proyecto Z70, Pensamiento y debate, Investigación y publicaciones).
El Festival acaba de empezar a rodar y ya ha vivido uno de los grandes momentos de esta edición. Werner Herzog ya es uno de los nuestros. Werner Herzog ya tiene su Premio Donostia. El encargado de entregárselo fue Orlando Bloom, intérprete al que Herzog ha dirigido recientemente en Bucking Fastard, película que también se presentó ayer en el Zinemaldia.
En su intervención, Bloom dio las gracias por el privilegio de entregar el galardón a un cineasta de la talla de Herzog. El actor destacó su “increíble curiosidad” y esa forma tan particular de acercarse al cine: “No hace una película porque se supone que haya que hacerla. Lo hace porque hay una pregunta genuina detrás”. Para Bloom, eso es lo que hace que sus películas sigan sorprendiendo.
Herzog, por su parte, aprovechó su discurso para hablar de su conexión con Euskadi, que se remonta al rodaje de Aguirre, la cólera de Dios en 1972. Y, para sorpresa de los asistentes, expresó su admiración por los bertsolaris, cuyo campeonato sigue cada año a través de YouTube pese a no hablar euskera. “No sé exactamente de qué hablan, pero siento que hay una comunidad de la que me siento parte”, explicó.
El cineasta fue todavía más allá en su elogio de la cultura vasca y del euskera, al que definió como “una lengua increíble, la más antigua de Europa”. Herzog cerro su intervención dando las gracias por el premio y dejando una última muestra de cariño: “Recibo este premio de un pueblo de poesía”.



