Jaime Lorente ha dado el salto de la interpretación a la dirección y lo ha hecho a lo grande. El mal hijo, su debut como cineasta, inauguró ayer la sección Kutxabank-New Directors en un estreno mundial en el que estuvo rodeado de su familia y amigos (su mujer, la donostiarra Marta Goenaga, participa en la película como figurinista).
Jaime Lorente alcanzó proyección internacional a través de la televisión por sus papeles en La casa de papel y Élite, a los que siguieron roles protagonistas en la serie El Cid y en películas como 42 segundos (Alex Murrull, Dani de la Orden), Disco, Ibiza, Locomía (Kike Maíllo) o la reciente La silla (Ángel de la Cruz, 2026). Ha trabajado también con directores como Asghar Farhadi (Todos lo saben) o Dani de la Torre (La sombra de la ley). “Toda mi experiencia a la hora de habitar un ser y estar, como actor, delante de la cámara me ha servido muchísimo para dar el paso a estar detrás”.
Esta impresionante trayectoria es el cimiento para su nuevo rol cinematográfico detrás de las cámaras. Pero que haya dado “el salto” no quiere decir que haya ocurrido de la noche a la mañana, este sueño que está viviendo actualmente en el Zinemaldia se ha hecho realidad después de mucho trabajo. “Llevaba mucho tiempo intentando levantar mi ópera prima, mi sueño era estar en Nuevos Directores de San Sebastián. Han sido cuatro guiones y cinco o seis años de intentar que esto sea posible”, confiesa Lorente.
El mal hijo es la adaptación de la novela de Salvador S. Molina, con el que ha trabajado el guion. “La novela reunía todos los elementos que yo necesitaba, quería contar una historia donde la adicción fuese uno de los motores, no tanto para contar el periplo de alguien enfermo de adicción, sino las erosiones que se generan a nivel familiar”.
En el film se explora el vínculo entre el protagonista, Rubén (interpretado, con muy buena sintonía, en su niñez por Abel de la Fuente y en su adultez por Hugo Arbués), y su abuela Pascuala (a la que da vida la reconocida actriz Susi Sánchez), debido a la ausencia de figuras materna y paterna, en este caso por adicción a las drogas. “Quería contar cómo, a través de la relación entre Pascuala y Rubén, se cierra un ciclo de violencia heredada, cómo, a través de esos cuidados, Rubén aprende otra forma de ver la vida”, explica el director murciano.
La película va más allá de la novela y añade un salto temporal para seguir a Rubén hasta su adultez, con un trabajo precario que pone a prueba sus valores, donde los roles de cuidador-cuidado se intercambian entre nieto y abuela, y todavía con el yugo familiar a cuestas, lo que deriva en un trastorno de la conducta alimentaria. “Para contar las consecuencias a largo plazo de las ausencias del padre en la primera parte, yo necesitaba un salto temporal para ver cómo había cambiado Rubén cuando era mayor”.
El elenco cuenta también con los actores Miguel Ángel Puro y Óscar de la Fuente, con los que Lorente mantiene una gran amistad, y con composiciones musicales de Niño de Elche. “Una de las cosas que tenía claras, porque lo había experimentado como actor, es que desde el lugar de la dirección se puede cuidar todo, desde la historia hasta el equipo y los actores”.
El recién estrenado director, que ya tiene un segundo proyecto en marcha como director en el que además se encargará del guion, llegaba nervioso a Donostia, ciudad a la que se siente muy unido. “A través de esta película se me puede conocer más personalmente, lo que me hace estar más vulnerable”. Los espectadores del Zinemaldia tienen la oportunidad de conocer esta nueva faceta de Jaime Lorente hoy y mañana en las salas del Festival.
IRATXE MARTÍNEZ