Albert Serra (Banyoles, 1975) está de vuelta en San Sebastián –después de ganar la Concha de Oro hace dos años con Tardes de soledad–, con una cinta que, de nuevo, contempla la crudeza del artista en vivo, en un directo sin concesiones. La plaza de toros ahora es el Théâtre des Bouffes du Nord de París; el torero, la actriz y cantante alemana Ingrid Caven. Fue musa de directores del Nuevo Cine Alemán como Rainer W. Fassbinder y Werner Schroeter, y ha participado en numerosas películas de culto del cine europeo firmadas por Raúl Ruiz, Rita Azevedo, Claire Denis, Luca Guadagnino o Adolfo Arrieta. Ese peso de la Historia del Cine deja indiferente al director catalán, que no siente ningún fetichismo por formar parte de un mundo preexistente. “La mejor forma de respetar el pasado es hacer algo propio con la mayor calidad posible”. Serra inventa su mundo, trabaja con personas y mira hacia el futuro, como hicieron esos director en su momento. Ingrid Caven conoció al cineasta participando en la versión teatral (previa a la película) “Liberté”, que se representó en la Volksbühne de Berlín en 2018. De hecho, Serra también contó con ella para la filmación, pero no la incluyó en el montaje final. “Ella se enfadó, como es lógico, y estuvimos un año y medio sin hablarnos”. La amistad floreció de nuevo cuando Serra la llamó para proponerle no una película, sino un disco. La propuesta fue que los músicos colaboradores del cineasta, los Molforts –oriundos de Banyoles también– compondrían las canciones y Caven escribiría la letra y cantaría. Fue un proceso largo de correspondencia y cocción lenta entre música y letra. Con la metodología Serra por excelencia: incomunicación constante entre ellos. El disco vio la luz, pero no satisfizo del todo al ideador. El universo sonoro creado carecía del control y visión de Serra. Eso sería posible organizando un concierto en vivo. En París, con público, con mucha presión (esencial para el cineasta) por el nivel de un teatro y un público en el corazón de esa Europa que exige el máximo al arte y a la cultura. El resto fue planteado simplemente como lo que es: el registro multicámara de un espectáculo.
“No sé por qué siento tanta tristeza” versa la primera aparición de Ingrid Caven en una atmosfera encerrada en si misma donde el rojo es el rey absoluto. La percepción que nos ofrece el mundo nocturno y la música es algo que mueve profundamente al director: “Los valores quedan en suspenso, es algo un poco narcótico…”. Y así nos pasa con las dieciséis canciones de la artista que nos pasean, entre intimidad, animalidad e histrionismo, por una biografía sui generis. ¿Y esa tristeza envolvente? “Tiene 88 años y ojalá viva muchos más… pero es un crepúsculo. Aunque ha abierto un espacio diferente respeto a su música anterior. También es el inicio de una época nueva”.
MARC BARCELÓ