¿Alguien ha visto a un individuo rapado y cabizbajo vestido con túnica roja y descalzo por Tabakalera? Se trata del Caminante anónimo. Un transeúnte fuera del tiempo que pasa por ciudades ajetreadas en el más puro silencio meditativo. Se dice que podría ser un monje que llega a través de los siglos y que ejerce de contrapeso para reestablecer el ritmo alterado de nuestro tiempo.
El pasado jueves hubo convocatoria en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea de la ciudad para dar la bienvenida al Caminante y a su creador, Tsai Ming-Liang (Malasia, 1957). La dirección de Tabakalera, con Clara Montero, y la dirección del Festival, con José Luis Rebordinos, inauguraron la exposición resaltando el carácter singular y único de la muestra, concebida especialmente para la ocasión y ese espacio específico. Tabakalera también ha apoyado el film que Ming-Liang rodó en verano de 2025 en Donostia y que se estrena hoy, tras su paso en Venecia. Como viene sucediendo los últimos años, la simbiosis Zabaltegi-Tabakalera da sus frutos más allá de la sala de cine.
Si Weichen (Dust) es la última caminata del monje que vamos a contemplar sentados durante 80 minutos, la contraparte expositiva de “Walker” nos brinda la oportunidad de andar al lado de las imágenes del Caminante en Hong Kong, Taipei y Marsella. Son las tres ciudades que conforman algunas partes de la serie audiovisual y performativa que cuenta con once episodios hasta la fecha y que Ming-Liang empezó con Sin forma (2012). De esa película, de Caminante (2012) y de Viaje hacia el Oeste (2013) provienen los fragmentos de la exposición. Las imágenes en movimiento de la sala conviven con dibujos de gran formato y cargados de velocidad, autoría del propio cineasta. Son obras irreflexivas, casi violentas, donde aparecen caras fantasmagóricas… Parece ser el lado oscuro de la mente del Caminante, un recordatorio del esfuerzo espiritual por seguir andando eternamente.
Durante la inauguración, el director taiwanés contó como el espíritu de la serie Walker es Xuanzang, un monje que, durante la dinastía Tang (siglos VII y X), recorrió miles de kilómetros hasta la India en busca de escrituras budistas. El rostro del monje es siempre Lee Kang-Sheng, el actor que hemos visto crecer desde la primerísima película de Ming-Liang. De hecho, el origen más prosaico del proyecto se remonta a 2011, cuando director y actor colaboraron en un proyecto teatral donde, en una escena, KangSheng caminaba con extrema lentitud. Desde entonces, el cineasta no ha dejado de perseguir esa lentitud en la pantalla por todo el mundo. “La Tierra es el más bello de los planetas, tenemos que admirar su belleza”, afirmó durante la inauguración. Y es que no hay otro director contemporáneo que saque tanta belleza entre la dualidad entre rostro y paisaje, como remachó José Luis Rebordinos.
La muestra cierra puertas el 6 de diciembre: Transeúntes de la ciudad… Caminad, caminad.
MARC BARCELÓ