Exhibida primero en el Reina Sofía de Madrid, la instalación de Oliver Laxe “HU/ . Bailad como si nadie os viera” se ha desplazado hasta Tabakalera, donde podrá verse hasta el próximo 12 de octubre. Es un complemento, añadido o reflexión en torno a su última película, Sirat, o como aprovechar algunos elementos de aquel film para organizar una nueva obra de estructura y tonalidad bien distinta.
Los elementos más reconocibles de sus últimos trabajos, de la espiritualidad a lo trascendente pasando por el cuerpo y la relación de este con un espacio, en este caso el desierto, están presentes en esta experiencia inmersiva de sonido e imagen, o de imagen y sonido. En tres grandes pantallas se proyectan imágenes de la película y otras que no pertenecen a ella. Frente a las pantallas, en el ancho espacio que debe ocupar el espectador, la arquitectura de madera negra de unos grandes bafles como los utilizados en la rave inicial de Sirat, una suerte de pirámide de altavoces, o un tótem, o un recuerdo del monolito quimérico de Kubrick.
Durante una parte de la proyección, la pantalla de la izquierda y la del centro están ocupadas por dos de los personajes tullidos del film – también por una de las chicas, Jade, que baila hasta el primer plano para luego desaparecer del encuadre–, mientras que la de la izquierda le pertenece a Sergi López. Bailan al ritmo de esa música electrónica de trance, sin melodía. Bailan como si nadie los viera, en la inmensidad del desierto que pasará de ser un espacio liberador a un decorado amenazante. Bailan hasta que declina el sol y la pantalla de en medio queda en un negro azulado. Después, con el amanecer, Laxe juega con las pantallas como lo hizo Abel Gance en su Napoleón mudo, en forma de tríptico con tres imágenes distintas del desierto o convirtiéndose en una sola imagen en inabarcable panorámico.
El desierto lo habitan también templos y construcciones de piedra, que Laxe filmó hace una década en Irán como ejemplo de geometría de lo sagrado, el umbral hacia un mundo por conocer; y un enorme altavoz que acaba vampirizando durante unos instantes toda la pantalla central. Una exposición, una instalación, una pieza audiovisual en la que la abstracción se conjuga con el relato del cuerpo que hace suyo un espacio sensorial en un bucle sin fin.
QUIM CASAS