"Z365" o "Festival todo el año" es la nueva apuesta estratégica del Festival en la que confluyen la búsqueda, el acompañamiento y el desarrollo de nuevos talentos (Ikusmira Berriak, Nest); la formación y la transmisión de conocimientos de cine (Elías Querejeta Zine Eskola, Zinemaldia + Plus, Diálogos de cineastas); y la investigación, la divulgación y el pensamiento cinematográfico (el proyecto Z70, Pensamiento y debate, Investigación y publicaciones).
Una elipsis marca el inicio de la fábula fantástica Ghost song (Sección Oficial), de Faith Akin. Farasha y Faris se conocen y enamoran perdidamente en su fiesta de graduación. A la mañana siguiente, Faris se despierta malherido en el hospital. Entremedias, un intrigante vacío, pronto resuelto: un accidente de coche reconstruido posteriormente hasta la saciedad, desde diversas (y estetas) perspectivas. La idea que sigue tiene potencial: un fantasma, Farasha, que afronta el duelo a la par que su amante vivo, hasta el punto de arriesgarse a arrastrarle consigo. Nada queda en sus existencias salvo el recuerdo del otro. Con todo, el romanticismo desaforado del argumento puede quedar neutralizado por los giros y por el blanco y negro impoluto, hasta lo aséptico, de su muy controlada y vistosa dirección de fotografía, cargada de decisiones heterogéneas.
Frente a ello, el detallismo vivencial y la consistente y disimulada cámara tambaleante “naturalista” del drama intimista Esta soledad (New Directors), debut en el largometraje de Javier Giner que empieza in medias res. Lo que queda atrás es una relación, la de Leo y Lorea. Lo que vemos, en alternancia, como dos caras de una cinta de casete y a base de violentos golpes de montaje, son dos artistas insatisfechos y cansados, deambulando, con cierta impulsividad, por los recovecos de su vacío existencial, tras el fin de un amor que parecía para siempre. La inestabilidad laboral, las heridas y el cuidado familiar o los vínculos inconstantes caracterizan sus realidades paralelas. Sin atisbos de analepsis, rebusco en los bordes de cada plano, en cada matiz interpretativo y en cada sutil referencia de los diálogos, intentando vislumbrar las huellas de lo que fue y ya no es. Queda la ausencia, avivando la esperanza de un encuentro futuro. El duelo borbotea de fondo, pues la vida sigue, y la precariedad les obliga a seguir adelante. “El dolor no se va, pero te acostumbras a vivir con él”.
MANUEL HEVIA



