Ayer el Kursaal acogió el estreno de 5 minutos más, una comedia fantástica sobre un matrimonio en crisis que decide pasar un fin de semana en una casa rural aislada. Allí sucede algo extraordinario: el tiempo retrocede cinco minutos y, cuando pasan esos cinco minutos, vuelve a retroceder cinco minutos. Una y otra vez.
La película parte de un guion que el actor y cómico Berto Romero escribió de “forma convulsiva y hemorrágica” y en el que metió todo lo que le gusta. “Soy muy fan del género de bucles temporales y con esta película he intentado llevarlo a un terreno nuevo, al del apocalipsis y las catástrofes”, dijo.
“Sin embargo, cuando lo terminé no tenía ni idea de si estaba bien o no”, confesó. Así que se lo pasó a algunos amigos de confianza para que le dieran su opinión. Uno de ellos fue el director Javier Ruiz Caldera y su respuesta fue inmediata: “Déjame dirigirla”.
En opinión de Caldera, el guion de Romero es “increíble” y tiene un trasfondo muy actual: “Esa sensación que tenemos todos de no entender qué está pasando en el mundo y de cómo reaccionamos ante ello”.
Lectura que también comparte Romero. Para el guionista, una de las claves del film es que sus personajes solo reaccionan, no reflexionan. “Un poco lo que nos pasa a todos en el día a día: te vas a dormir pensando que llega la Tercera Guerra Mundial y, al día siguiente, es broma, y aparece otra noticia más grave”. Para Romero, esa dinámica nos está acostumbrando a reaccionar a las noticias de “manera emocional”.
Con todo, los responsables del film se mostraron satisfechos al comprobar que su trabajo había hecho reír y sufrir a los espectadores a partes iguales. De hecho, el director reconoció que todavía no tiene claro si ha hecho una comedia o un thriller de terror. “Nunca hemos tenido claro cuál debía ser el nivel de comedia, ya que lo que viven los personajes es atroz”, reveló.
Según Romero, la vida no tiene géneros y, para trasladar esa idea a la película, han tomado como referencia el “desparpajo del cine coreano a la hora de saltar de un género a otro sin complejos”.
Para ser “honestos” con el guion, Caldera decidió rodar la película en planos secuencia de cinco minutos exactos. “Y eso que implicaba renunciar al montaje, mi herramienta favorita del cine”, bromeó. A pesar de la dificultad, Caldera veía fundamental que los espectadores sintieran el tiempo como lo hacían los personajes. “Lo complicado no era montar un plano secuencia, lo complicado era que duraran exactamente cinco minutos y que ocurrieran a las seis y media de la tarde para que el sol estuviera a la misma altura”, expresó.
La complejidad técnica que requería el rodaje no solo preocupaba a su director, sino también al trío protagonista: Belén Cuesta, Javier Cámara y al propio Berto Romero, que también es actor del film.
Javier Cámara declaró que los primeros ensayos parecían imposibles. “Tenías el equipo detrás y constantemente nos chocábamos y tropezábamos”, recordó. “Sin embargo, cuando la cosa empezaba a cuadrar, el resultado era muy gratificante”. A Belén Cuesta, por su parte, este rodaje le ha permitido conocer de cerca cómo trabajan otros departamentos de una película. “Es casi la primera vez que no ha habido diferencias entre el equipo técnico y artístico”.
IKER BERGARA ETXEGARAI