La sección Kutxabank-New Directors recoge primeros y segundos largometrajes. Los debuts suelen despertar mucha curiosidad por descubrir la voz de esos nuevos cineastas, pero tradicionalmente se dice que los segundos largometrajes son la prueba de fuego definitiva, en la que la industria y la crítica comprueban realmente si existe voz propia y talento sostenible del director más allá de la ópera prima.
Ese es el miedo del cineasta Kazuya Murayama (Japón, 1982), que llega a San Sebastián con su segundo trabajo y es muy consciente de que su paso por el Festival puede determinar su futuro cinematográfico. Sin embargo, sabe que haber sido seleccionado para participar en la segunda sección más importante del Festival es un buen augurio. Quizás sus nervios vienen por ser a la vez productor y director de la cinta, y haber dejado en el proyecto mucho más que su corazón.
The Ballet Lesson cuenta la historia de dos hermanos ruso-japoneses, Nikita y Nina, de once y ocho años respectivamente, que solo conocen a sus padres, Nicolai, un exsoldado ruso, y Yuki, una bailarina japonesa, a través de vídeos antiguos y las historias que les cuentan sus abuelos, con los que se han criado y viven en un tranquilo pueblo japonés.
Un día, Nicolai aparece inesperadamente y ordena a los niños que hagan las maletas para ir en busca de su madre. Severo y emocionalmente distante, Nicolai no se parece en nada al padre cariñoso que ellos habían imaginado. A medida que los tres recorren el Japón rural en su viejo coche, en autobús y a pie, la tensión aumenta, ya que los años de separación dificultan incluso las conversaciones más sencillas, hasta que, tras un incidente en el que Nina está a punto de ahogarse en un río, la relación entre ellos empieza a cambiar.
Poco a poco, van surgiendo pequeños momentos de calidez entre el padre y sus hijos. Sin embargo, a medida que se acercan a Yuki, los límites entre el recuerdo, la imaginación y la realidad empiezan a difuminarse. El director confiesa que dentro de su estilo le gusta sorprender al espectador: “Es mi sello personal; ese viaje podría no ser lo que parecía en un principio”, indica Murayama.
Este viaje emocional también lo es físico, a través de la evocadora fotografía de Chiyoe Sugita, que nos traslada a bosques, parques de atracciones y pueblos costeros del japón rural más bucólico.
Los hermanos en la vida real Nikita Kondo y Niina Kondo dan vida a los hermanos en la ficción. Vadim Bushmakin interpreta a Nicolai y Yukina Shimizu a la madre ausente.
Murayama pretende con este largometraje rendir un homenaje a los muertos y a su tierra natal, que sufrió un devastador terremoto el 1 de enero de 2024. “El origen de esta película reside en dos vínculos profundamente personales: mi hogar, la prefectura de Ishikawa, y el fallecimiento de mi amigo camarógrafo ruso-japonés Evgeny Suzuki. Las personas, cuando mueren, desaparecen. Las películas permanecen. Espero que los espectadores del Zinemaldia salgan de la sala recordando a ese alguien que ya no está”.
IRATXE MARTÍNEZ