La búsqueda constante de una vida mejor. Podría decirse que ese es el sentido de la vida y, precisamente, eso es lo que busca Lucila, protagonista de la nueva película del director, actor y productor mexicano Diego Luna, Ceniza en la boca.
Interpretada por Anna Díaz, Lucila viaja desde México junto a su hermano Diego para reencontrarse con su madre, que lleva ocho años trabajando ilegalmente en Madrid para mantenerlos. Sin embargo, al llegar, ambos descubren una realidad mucho más dura de lo que imaginaban.
En la película, Barcelona se convierte también en protagonista. Es allí donde Lucila continuará buscando ese sentido a vida y tratando de construir un futuro. Para Luna, era importante mostrar la realidad de la ciudad: “Hicimos un trabajo de investigación profundo y conocimos una Barcelona que está ahí”. El director explica que recorrieron los rincones en los que transcurre la historia y entraron en contacto con comunidades de mujeres latinoamericanas que “se cuidan, que se acompañan, que se sostienen”.
El director reconoce que nunca había abordado la migración desde esta perspectiva. “Estoy muy acostumbrado a escuchar, hablar y debatir sobre el tema de la migración de América Latina a Estados Unidos”, explica, haciendo referencia a la violencia y a las políticas migratorias que han marcado el debate en los últimos años. Sin embargo, considera que la migración hacia España es también un fenómeno que debe ser discutido, especialmente ante el cuestionamiento que sufren las personas migrantes en determinados sectores de la sociedad.
Para Luna, el cine puede convertirse en una herramienta para contrarrestar los discursos de odio porque “vive de una curiosidad que la ignorancia no tiene”. Una película permite acercarse a la vida de alguien desconocido, comprender otras circunstancias y, en cierta forma, reconocerse en ellas. El cine invita así a no perder la curiosidad por entender al otro y, como señala el director, Ceniza en la boca busca “poner un espejo frente a lo que estamos haciendo”.
Anna Díaz también plantea una de las cuestiones centrales de la película: “¿Por qué cuando uno emigra tiene que volverse un arquetipo para poder sobrevivir en esa nueva sociedad a la que está intentando pertenecer?”. La actriz reivindica que las personas migrantes puedan construir una vida más allá del trabajo y de la necesidad económica: enamorarse, formar una familia, divertirse y, en definitiva, tener la posibilidad de empezar de nuevo.
Migrar es también buscar una vida mejor. Muchas veces, quien migra lo hace porque no tiene otra opción, con miedo y sabiendo que tendrá que enfrentarse a una realidad difícil. Para Luna, “la migración es sin duda el gran fenómeno, el más urgente”. Considera que cada vez más personas se desplazarán y que las sociedades tendrán que aprender a convivir con esa realidad: “No puedes estar fuera de esa ecuación, estás de un lado o estás del otro”.
La migración, explica, puede sacar a la luz “los peores rasgos” de una sociedad, pero también ofrece la oportunidad de mostrar su mejor versión. “Cuando alguien migra, ya tomó la decisión, ya dejó todo detrás, ya llegó a la acción, y es ahí donde le toca al que recibe”. Por eso, Luna plantea una pregunta que atraviesa también la película: “¿Dónde me pongo yo en esta historia?”.
La mirada de Luna sobre la migración se suma a una trayectoria marcada por el cine tanto delante como detrás de la cámara. El mexicano alcanzó reconocimiento internacional con Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001) y posteriormente participó en producciones como Narcos, Andor y La Máquina. Su experiencia como director comenzó con el documental J.C. Chávez y continuó con largometrajes como Abel (2010), seleccionado en Cannes y premiado con el premio Horizontes Latinos; Revolución (2010); César Chávez (2014); y Mr. Pig (2016), estrenada internacionalmente en Sundance y reconocida como mejor película en el Dallas International Film Festival.
Con Ceniza en la boca, Luna vuelve a utilizar el cine para acercarse a una realidad social concreta y poner en el centro a quienes migran en busca de una vida diferente. Una historia que, más allá de hablar de migración, invita al espectador a preguntarse cómo mira, cómo recibe y qué lugar ocupa ante la realidad de quienes llegan. Luna nos invita a mirar la migración desde la cercanía, sin olvidar que tras cada una de estas decisiones existe una persona, una familia en busca de un futuro mejor.
MARÍA ARANDA OLIVARES