Valentina Maurel regresa a Horizontes Latinos con su segundo largometraje, Siempre soy tu animal materno, tras ganar el Premio Horizontes en 2022 con su ópera prima Tengo sueños eléctricos. Fue la frustración la que llevó a Maurel a lanzarse a escribir el guion de su reciente film; sentía que algunos de los personajes de su primera película habían quedado sin explorar. Además, le interesaba abordar temas como la maternidad, la hermandad entre mujeres y el proceso de regresar al país de origen.
Ese país es Costa Rica, lugar donde nació Maurel. Pero más allá de cuestiones personales, a la cineasta le interesaba filmar en la “parte menos atractiva de mi país, que es San José. Ese lugar caótico, que los turistas evitan al visitar nuestro país, tiene derecho a ser visto”.
El largo se centra en la relación de una familia, cada vez más fragmentada: un padre absorto en sus aventuras amorosas, una madre inmersa en la reedición de los poemas eróticos de su juventud y sus dos hijas; Elsa, que regresa a Costa Rica tras un largo periodo viviendo en Europa, y Amalia, que vive sola en la casa familiar y está cada vez más disociada a la realidad e inmersa en la espiritualidad y el misticismo. “Me gustan los personajes en crisis”, confiesa Maurel. Para ella, lo interesante es navegar en la ambivalencia de los personajes y “conseguir que tengamos sentimientos diferentes hacia ellos mientras vemos una película, como nos pasa con la gente y con uno mismo o una misma”. La vida es una “perpetua crisis cíclica. Las crisis cotidianas siempre son las mismas y siempre vuelven. La manera de avanzar sin avanzar en la vida es muy típica en los seres humanos”, añade.
Para esta película ha vuelto a contar con Reinaldo Amien Gutiérrez y Daniela Marín Navarro, protagonistas de su primer film, y se suman Mariangel Villegas, que no tenía experiencia previa como actriz, y Marina de Tavira, conocida por su papel en Roma, de Alfonso Cuarón y protagonista de El aroma del pasto recién cortado (Horizontes Latinos, 2024). Sobre el ensayo de personajes con los intérpretes, Maurel comparte que “prefiero no ensayar directamente las escenas, sino pasar tiempo juntas antes de filmar para crear una relación de confianza y después, durante el rodaje, improvisamos. Es curioso que justamente las escenas que seleccionamos se parecen a lo que estaba en el guion”. De Tavira añade que hicieron “muchísimas versiones de todas las escenas y Valentina nos hacía romper el texto de todas las formas posibles. No había procesos de ensayo ni mucho análisis previo de los personajes. Es casi pasar a la acción y buscar el lugar más incómodo. A veces nos obsesionamos con cierto esteticismo en el cine y la vida no es tan así. Creo que Valentina busca eso, esos lugares donde somos raros”. Marín apunta que “la fase en la que improvisamos da pie a profundizar en la manera en que vas a trabajar el personaje. Arriesgarse un poco más y sorprender. Permite una cierta libertad para jugar”.
MARÍA ARANDA OLIVARES