Tsai Ming-Liang (Malasia, 1957) pisó San Sebastián por primera vez en 1993, cuando el Festival lo seleccionó para estrenar Rebeldes del dios Neón (1992), la ópera prima filmada en Taiwán, patria adoptiva y fundamental de toda su filmografía. Lejos estaba de prever que más de 30 años después rodaría aquí, en la ciudad de la bahía más bonita del mundo.
¿Por qué Donostia para esta nueva entrega del Caminante?
Silvia Cruz, de Vitrine Films, ha distribuido alguna de mis películas. Conocía muy bien mi trabajo y me invitó a filmar aquí, desde donde produce y distribuye. Cada lugar ofrece algo diferente, pero me inspira el mismo monje, Xuanzang, que hace 1.400 años caminó desde China hasta India para buscar sutras, escrituras budistas. Ese viaje eterno hacia el no-lugar alimenta el espíritu del personaje.
Hay momentos en los que el monje desaparece. Usted filma a otras personas y el tiempo parece quedar aún más suspendido.
El título de esta película, Dust (polvo) proviene de un sutra budista que describe el ser humano como polvo flotando en todas partes. Me fijaba en el equipo humano que flotaba a mi alrededor y decidí incluir a cuatro personas del equipo técnico, aparte del granjero mayor que conocí. Todos aportaban un grado de relajación perfecto, eran presencias flotantes.
Hace unos días, durante la inauguración de la exposición “Walker” en Tabakalera, habló de la Tierra como el mejor de los planetas.
La Tierra tiene diferentes superficies y caras, como un diamante. Cada ángulo y cada perspectiva muestran su propia belleza. No podemos verla de una sola mirada. Toma tiempo admirarla en su completez. Tenemos océanos, árboles, montañas… y muchos tipos de vida. No podemos encontrar otro planeta como este.
Las esculturas de la ciudad también adquieren protagonismo. El monje irrumpe en el film saliendo detrás de una escultura.
¡Y es una mujer! Me atrajeron mucho las esculturas de Donostia. Hay figuras humanas y también formas abstractas. Me interesó especialmente la atención que la ciudad tiene por las mujeres y decidí incluir algunas figuras femeninas en la película.
En cada episodio de esta gran obra ambulante cuenta con equipos locales. ¿Cómo fue en San Sebastián?
Me sentí extraordinariamente relajado. Los directores de fotografía Néstor Urbieta y Adrián Cores hicieron un gran trabajo, y Victoria Zayas, la responsable de localizaciones, me llevó a lugares que me permitieron conocer diferentes caras de la ciudad. Incluso me descubrió un bar de música metal, donde rodaríamos una escena con el Caminante entre el público nocturno.
Lee Kang-sheng lleva más de diez años interpretando a este personaje.
Siempre se resiste un poco. Tiene que afeitarse la cabeza cada vez y eso le afecta para otros trabajos. Además, durante el rodaje, él y yo practicamos el vegetarianismo. Con los años ha adquirido un movimiento, el de andar, que nadie más podría realizar como él.
Borges decía que la eternidad nos libra de la opresión de lo sucesivo. ¿El Caminante es libre?
[…] El tiempo es eterno, pero también cruel. Siempre avanza, siempre. Lo que vemos en La deriva es el fenómeno mismo del tiempo a baja velocidad. Quiero llevar la lentitud a todos los rincones del mundo.
Pero la canción del final dice “no volveré”. ¿No es una despedida de Walker?
Es solo una canción que transmite la idea de seguir adelante. No veo un final para Walker. Siguen llegando invitaciones: el mes que viene rodaremos en Corea y también hay otra invitación de Brasil. Si se contempla como una sola obra, será el trabajo más largo de toda mi vida.
MARC BARCELÓ