La historia de Sarah muestra las dificultades que hay cuando te mudas a una ciudad que no es la tuya y tienes que sacrificar estar cerca de tus seres queridos que, como es el caso, necesitan cuidado. ¿Puede hablar sobre esto?
Creo que es muy importante para la historia de Sarah, pero también es muy importante para mí, describir Tangles como una carta de amor a las personas cuidadoras. No forzosamente tenemos que vivir en la misma ciudad que el ser querido que estamos cuidando. El tener que estar yendo de un lado a otro es muy desgastante y a esto se suma el miedo de estar lejos, extrañarles, que puedan marcharse. Eso es lo que quería: describir la travesía del cuidado, particularmente aquel de una persona con demencia.
Las dinámicas de cuidado acarrean muchos conflictos no sólo entre la persona cuidada y sus cuidadores, sino el que experimentan los cuidadores entre sí, como las peleas que hay entre Sarah, su hermana y su padre. ¿Cómo logró reflejar esto de forma tan frontal y transparente?
Sí, esto es parte de lo que le pasa a una familia de alguien con una enfermedad como el Alzhaimer porque tienen diferentes ideas sobre cómo cuidar. A menudo se enganchan por ello. Quería que los espectadores pudieran empatizar, aunque no tengan a un familiar con demencia.
Además de lo familiar, otras áreas de la vida se ven afectadas como la carrera profesional, la pareja, las amistades.
Era un componente importantísimo porque cuando algo así ocurre en tu vida, no es lo único que está pasando. Quería mostrar que Sarah tiene ambiciones y sueños, metas artísticas. Es muy difícil seguir tus sueños cuando eres cuidadora. Incluir la historia con Donimo también era clave porque en estos escenarios también la pareja de la cuidadora termina viéndose involucrada y afectada. Es muy difícil sostener una relación cuando atraviesas algo así. Y sí, había que mostrar que Donimo era una persona real, con sentimientos, que no estaba a gusto con cómo iba la relación porque tiene necesidades y deseos. La posibilidad de una ruptura es inminente. Es doloroso, pero es real.
En este intento de realidad, a pesar del dolor, hay muchos momentos de alivio cómico.
Necesitamos tomarnos un respiro. Para eso están las secuencias de los vuelos de avión donde las azafatas dan anuncios que son la voz interna de Sarah y que son muy graciosos. Ahí la audiencia se relaja. Hay que reírse; de hecho, la risa y el llanto no son fenómenos tan distintos.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ