Los ruidos practicando sexo que Cesc Gay oía de sus propios vecinos en su piso de Barcelona se escuchan ahora ya también en Hollywood.
En su momento, aquella anécdota tan personal y local, le inspiró al autor catalán una obra de teatro, “Los vecinos de arriba”, que el propio Gay adaptó a la gran pantalla con Sentimental (2020). Con los años, la película ha experimentado adaptaciones cinematográficas en Italia, Francia, Suiza, Corea del Sur y, ahora, de la mano de la actriz y directora Olivia Wilde, en Estados Unidos. Resulta patente que la envidia sexual, la insatisfacción y los problemas de comunicación en la pareja son conflictos muy universales.
La actriz Olivia Wilde sigue consolidando una carrera como directora que había dado ya títulos de notable repercusión como Súper empollonas (2019) y No te preocupes querida (2022), que también pasó por Perlak. Con La invitación, presentada este año en Sundance, y a partir de la adaptación que de la película de Cesc Gay realizan los guionistas Rashida Jones y Will McCormack, Wilde aborda con tono tragicómico una crisis de pareja que revela mucha insatisfacción sexual.
La trama sigue a Joe y Angela (Seth Rogen y la propia directora Olivia Wilde, que sustituyen a los personajes de Javier Cámara y Griselda Siciliana en la versión española), un matrimonio de San Francisco que lleva quince años juntos y cuya relación se encuentra visiblemente atascada en un océano de discusiones continuas. Cuando Angela organiza una cena en su casa a la que invita a sus vecinos del piso de arriba, Pina y Hawk (Penélope Cruz y Edward Norton, en su momento Belén Cuesta y Alberto San Juan en Sentimental), florecen los muchos conflictos de pareja, deseos reprimidos y resentimientos acumulados. El detonante: la transgresora (y ruidosa) vida sexual de Pina y Hawk, que incluye sexo en grupo e intercambios de parejas, y la invitación que les extienden a Joe y Angela a participar en ellas.
Conservando el esqueleto argumental del film original, para distanciarse del origen teatral de la pieza Wilde dota a la película de mayores recursos puramente cinematográficos, jugando con la planificación, la iluminación, la música y la puesta en escena. También altera sutilmente el tono y la energía de los personajes, que se ajustan más a la clásica neurosis norteamericana.
También incide especialmente la directora en el humor que se extrae de la exposición de opciones y prácticas sexuales y empuja a los personajes a aventurarse, en mayor medida que en la obra original, hacia la consumación del intercambio de parejas. Y sobre todo, en un tramo final que rompe sustancialmente con el tono cómico desarrollado hasta el momento para adentrarse sin titubeos en el melodrama, Wilde subraya la dimensión catártica y terapéutica que hay en esta “invitación”.
Cobra aquí especial relevancia el personaje de Penélope Cruz, directamente inspirado en Esther Perel, reconocida psicoterapeuta especializada en sexualidad y relaciones de pareja, con quien la actriz española pasó tiempo preparando el papel, y que asesoró al equipo durante la filmación. Wilde consigue de este modo hacer transitar la historia desde una simpática y aguda comedia de enredos hacia la disección emocional de la pareja occidental contemporánea en la que el sexo es el catalizador, pero en la que el verdadero problema es la falta de honestidad.
GONZALO GARCÍA CHASCO