Los Tele-Rodríguez, Heidi, Padres forzosos, Malcolm in the Middle, Frasier, Las chicas de oro, El príncipe de Bel-Air, Los Serrano, Shameless, A dos metros bajo tierra, Fleabag, Cuéntame cómo pasó… Son los títulos de algunas de las populares series que circularon en la animada Conversación “Jornadas Series: We are family”, una mesa redonda sobre los referentes, la evolución y los modos de representación de la familia en la producción seriéfila española e internacional. El encuentro, organizado por el área de Pensamiento y Debate del Festival junto al departamento de Industria, llenó ayer la Sala 1 de Tabakalera.
Moderada un año más por la guionista, crítica, profesora y presentadora Isabel Vázquez, la conversación reunió a tres cineastas muy distintos: Javier Ferreiro, showrunner de Mariliendre y guionista de Vestidas de azul; Aina Clotet, prolífica actriz que creó, dirigió y protagonizó la serie Esto no es Suecia o la reciente película Viva (proyectada en Made in Spain); y Fran Araujo, productor ejecutivo de ficción original de Movistar+ durante doce años y guionista de Rapa o Anatomía de un instante.
Los participantes comenzaron enumerando las razones por las que la familia ha sido un espacio tan fructífero para la creación. Desde el propio hábito de los grandes clanes de contarse a sí mismos, al tener tantos arquetipos al alcance de la mano, la familia era para Ferreiro fuente inagotable de secretos, intrigas y, añadía Clotet, máscaras y roles. Según Araujo, asunto de identificación universal, funcional o disfuncional, la familia se convertía en tema propicio para la televisión desde sus orígenes, en tanto que el hogar, residencia del núcleo familiar canónico o escogido, fue el espacio de encuentro y unificación habitual en torno a la pequeña pantalla.
Con el desparpajo de Vázquez llevando las riendas, los contertulios se entregaron a la divagación. Se discutió acerca de la exigencia actoral de una explicación psicologista, de un trauma familiar; del costumbrismo español; de tópicos como el abandono o el ángel del hogar. Se reivindicaron las invisibilizadas cuidadoras subalternas o los personajes queers y femeninos imperfectos que caen mal, tan usualmente estigmatizados por ello. Se revisaron detalles argumentales y caracteres de Esto no es Suecia, Mariliendre, Mira lo que has hecho o Infidels. Y se analizó el racismo imperante, la presencia de las drogas o la rareza del riesgo en las series contemporáneas.
Pero, quizás, el tema central fue el debate sobre la representación. Todo empezó con una pregunta de Vázquez, tras mencionar casos de familias ficticias no hegemónicas: “¿Creéis que la nueva normalidad televisiva, más diversa, refleja la realidad o que ésta se fuerza para representar lo que deseamos que ocurra?”. Aina Clotet tenía claro la bidireccionalidad: “A veces la ficción quiere crear espacios y avanzarse a cosas que todavía no están pasando para dar la oportunidad a imaginar, a soñar, a inventarse nuevas fórmulas, nuevas estructuras. Y a veces es un retrato fiel de lo que está pasando.” Con todo, Araujo matizaba que, “como cualquier ficción nace de alguien que ha vivido algo, todas representan su época, cuentan el mundo en que se vive”. Ferreiro concluyó haciendo un comentario moral que pareció recibir asentimientos de conformidad de la totalidad de la mesa: “hay una responsabilidad de reflejar la realidad, pero al mismo tiempo ser crítico con lo que uno está escribiendo”.
MANUEL HEVIA