Cinco años, cuatro meses es un espejo del duelo de una nación en la que más de 120.000 personas continúan siendo víctimas de desaparición forzada en Colombia. Hablamos con los cineastas colombianos Juan Miguel Gelacio y Esteban Hoyos sobre su último film, que recibió el Premio Egeda Platino Industria al Mejor WIP Latam en San Sebastián.
¿De dónde nace esta ficción?
Juan Miguel Gelacio: Fue un encuentro un poco fortuito. Hice un proyecto con la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, una institución que se forjó después de los acuerdos de paz del año 2016. Uno de los acuerdos era tener ese espacio para la búsqueda de personas desaparecidas en el conflicto y trabajando allí conocí todo lo que implicaba el universo de la búsqueda. A pesar de ser un tema que conoce toda la nación, es algo que está un poco cifrado; uno sabe que hay personas desaparecidas, pero no termina de entender qué implica tener un familiar desaparecido y todos los procesos de esa búsqueda constante y eterna, que puede ser no resuelta. Es mucho más complejo que un duelo. Decidimos construir una narrativa de ficción que permitiera justamente eso, dejar de pensar la situación como un problema contextual y convertirlo en algo que se pueda sentir más cercano.
¿Qué son esos falsos positivos?
Esteban Hoyos: En Colombia, durante el gobierno de Álvaro Uribe entre el 2002 y el 2010, hubo más de 6.000 personas que fueron disfrazadas como guerrilleros y asesinados para hacerlos pasar como bajas en combate y mostrar resultados exitosos en la lucha contra la insurgencia en Colombia. Queremos que esto no se olvide, no solamente por la importancia histórica de lo que pasó y por las repercusiones penales que pueda tener encontrar a los responsables, sino también para que esto no vuelva a pasar, especialmente pensando en el momento coyuntural que está viviendo Colombia, en el que una derecha mucho más extrema que la derecha que perpetró esos asesinatos está subiendo al poder. Es importante recordarlo también por la memoria histórica de todas estas personas asesinadas y de sus familiares.
La búsqueda colectiva en Colombia es una carga de género: las mujeres se han convertido en las investigadoras forenses del país…
J.M.G: Sí, más del 80% son mujeres. Es parte de esta sociedad patriarcal: se generan estos modelos en los que las mujeres asumen este rol de cuidadoras y son ellas quienes pasan décadas buscando a sus familiares. Pueden ser de cinco a cincuenta años de búsqueda. Con las cuatro organizaciones de mujeres con las que trabajamos existía esta constante: todas las mujeres estaban al frente de las organizaciones y las organizaciones estaban integradas por mujeres que se organizaban entre ellas para buscar.
¿Qué parte hay de ficción y no ficción en las interpretaciones?
J.M.G: Nosotros queríamos vincular a las madres buscadoras en el proceso, por lo que muchos de los roles secundarios son interpretados por las mismas mujeres buscadoras. Pero también éramos conscientes de que, a la hora de buscar una protagonista, llevar a una madre que ya vivió todo esto a una puesta en escena podía ser un acto muy difícil e incluso violento. Encontramos a Jenny Nava y a Carmiña Martínez. Nosotros teníamos un proyecto de unas dimensiones determinadas, pero con la llegada de ellas se magnificó. Hablaron y compartieron mucho con las madres, hicieron un trabajo conjunto y sumaron cosas que no estaban en el guion.
¿Cómo fue la elección de las localizaciones?
E.H: Gran pate de la visibilidad que han tenido los procesos de búsqueda y todo el caso de los falsos positivos se centró en Bogotá y, sobre todo, en Soacha, que es una zona cercana a Bogotá, de bajos ingresos, que tuvo un fenómeno de falsos positivos especialmente marcado. Queríamos mostrar que también existen otros trabajos en otras regiones, que también hay personas que han buscado a sus familiares y que los falsos positivos realmente fueron un fenómeno que se dio en todo el territorio nacional.
¿Qué papel ocupa el misticismo en la búsqueda?
J.M.G: Cuando las vías institucionales no ofrecen respuestas, la búsqueda encuentra otros caminos. Pero el misticismo también nos permite entrar en el mundo interior de estas mujeres: revelar aquello que esconden detrás de la fortaleza que necesitan para seguir buscando. Ellas construyen una coraza para protegerse del dolor y poder continuar. A través de lo místico, exploramos precisamente esa dimensión más íntima y sensible que existe detrás de su carácter fuerte.
MARÍA ARANDA OLIVARES