La dupla de cineastas conformada por Tizza Covi y Rainer Frimmel llega a Zabaltegi-Tabakalera con The Loneliest Man in Town. La película sigue al solitario músico de blues Al Cook que, con su guitarra, sus vinilos, su árbol de navidad y sus emociones, está en muy buena compañía.
Al Cook, el protagonista, se dedica a la música no sólo profesional sino también devocionalmente. Ésta lo acompaña y esa compañía lo hace no estar tan solo, como indica el título.
Tizza Covi: Siempre escribimos para nuestro protagonista. Cuando decidimos hacer una película con Al, queríamos conocer su historia, mirar dónde vive, cómo compone y graba. Mucho proviene de su vida real. El delta blues es su pasión y su soledad es a causa de la falta de conexión con la gente porque no lo comprenden. Pero la película no deja de ser una ficción.
Rainer Frimmel: Estamos fascinados con la manera en la que Al toca blues sin hacer concesiones. Quiere el delta blues más auténtico. Cuando comenzó su carrera recibió una oferta del manager de Eric Clapton, pero la rechazó.
Acerca de la importancia de su vida personal, el apartamento y los objetos que Al guarda tienen una inmensa capacidad expresiva. Esto es muy cinematográfico porque se vincula enteramente con la puesta en escena. En términos de plasticidad, cuidaron mucho la composición de los encuadres para poder destacar la potencia emotiva del espacio, los decorados y la utilería.
TC: Sí, y es crucial que sean su propio apartamento y sus pertenencias. Estos nos dicen mucho sobre su personalidad, sobre su pasado e, incluso, sobre su porvenir.
RF: Ambos estudiamos fotografía y en esta película valoramos mucho el tiempo para poder componer los encuadres porque queríamos hacer una traducción visual del mundo de Al. En cada composición se revela mucho sobre su vida y su carácter. Disfrutamos tomarnos el tiempo para hacer esto.
¿Cuánto tiempo transcurrió desde que lo conocieron hasta que se acabó el rodaje de la película?
TC: Lo conocimos hace veinte años en un concierto y hace siete que somos amigos. Íbamos una vez a la semana a su casa para comer y escuchar su historia. El rodaje como tal tomó muchos meses para que él descansara y tuviera tiempo para su vida. Lo hicimos pacientemente, sin prisas. Al es una víctima de la crisis de la vivienda en Viena. Crisis que hay en todo el mundo. ¿Cómo ayuda el cine a luchar contra este problema?
RF: Es nuestra responsabilidad como cineastas apuntar a las heridas que hay en el mundo. Tenemos que señalar el desalojo injustificado de las personas. No lo vamos a resolver, pero lo podemos visibilizar.
En una cinta de video, Al dice que él siempre quiere mostrar sus emociones al público. Esto define muy bien el film: es un retrato de las emociones, de personas que reaccionan ante canciones, películas, fotografías.
RF: El rostro de Al dice más que cualquier palabra. El arte del cine es el arte de mostrar un rostro atravesado por la emoción, sin necesidad de hablar.
TC: Lo más importante de la película es que él mostrara sus emociones. Pero estamos hablando de emociones del día a día, que es muy complicado. Si tienes una película en la que un personaje se está muriendo, es más fácil mostrar las grandes emociones. Sin embargo, nuestras vidas diarias consisten, sobre todo, en experimentar pequeñas emociones y eso no es fácil de mostrar porque, de cierta manera, son poco interesantes. Aunque al final, pensamos que son las que más nos tocan.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ