El productor Juan Pablo Miller fundó su productora Tarea Fina en 2009 y en una de sus primeras coproducciones, Las acacias se llevó el Premio Horizontes Latinos. Desde entonces, es un fijo en San Sebastián, ya que sus proyectos han pasado constantemente por distintas secciones del Festival con notable éxito. Con Sublime ganó el Premio Sebastiane, con Alemania, el Premio de la Juventud, y con El llanto tuvo la oportunidad de competir en la Sección Oficial, por poner algunos ejemplos. “Hemos estrenado aquí más de nueve películas. Por eso, justo este año que no hemos filmado, me hace muy feliz estar aquí como jurado y poder despedirme en persona de José Luis Rebordinos”, dice.
Lo cierto es que no es de extrañar que le hayan elegido para presidir el jurado de Nuevos Directores, ya que la trayectoria de Miller destaca por haber producido un importante número de óperas primas. Su productora ha sido responsable de la primera película de Pablo Giorgelli, la primera de Fernando Salem, la primera de María Zanetti… y así hasta diecisiete óperas primas más. “Para mí es muy hermoso hacer óperas primas por el papel de acompañamiento que tienes que hacer con el director. Es la primera vez que le pasan muchas cosas que tú ya conoces y puedes ayudarle”.
Miller recuerda con cariño sus propios comienzos en el cine, cuando él también era un debutante. Su primera participación en una película fue en 1997, cuando ayudó a organizar una conferencia de prensa para La nube, de Pino Solanas. La cosa salió bien y le ofrecieron convertirse en meritorio de producción. “No fue una decisión fácil porque básicamente estaba juntando plata para ir al Mundial de Francia para ver a Argentina y, en aquel entonces, los meritorios en Argentina trabajaban gratis. Pero el cine de Pino me parecía tan maravilloso que quería estar dentro”.
A partir de ese momento, Miller pasó por todas las fases de la producción. “Hice tres películas como meritorio, tres como ayudante de producción, cuatro como asistente de producción, cinco como jefe de localizaciones y después, como jefe de producción, otras ocho películas. O sea, antes de abrir Tarea Fina ya había hecho veintiocho o treinta películas”, cuenta.
Toda esta experiencia le valió para descubrir “cómo se arman los proyectos sin necesidad de tener la plata”. Con todo, reconoce que el éxito de Las acacias fue lo que verdaderamente le abrió el camino.
El éxito de Las acacias y de otras de sus películas demuestra que su productora no solo sabe armar películas, sino también elegir buenos guiones. “Más allá de los guiones, a mí me enamoran las personas”, explica Miller. “Cuando haces una película con alguien, sabes que como mínimo vas a estar conviviendo con esa persona tres años y por eso es importante no equivocarse”, reconoce.
Miller no puede evitar mirar las películas que le toca juzgar desde una mirada de productor. “Me fijo mucho en cómo hacen las cosas y cómo las hubiera hecho yo con las mismas limitaciones económicas”. Y por esa misma deformación profesional, tiene muy presente la importancia económica del premio. “Yo calculo que todas las películas de la sección deben tener deudas asumidas, dinero a devolver. La película que gane el premio va a ser muy feliz porque va a poder saldar parte de sus deudas”, concluye.
IKER BERGARA ETXEGARAI